lunes, 2 de febrero de 2015

Los Pelmeni de mi amiga, Elena Mitryakovskaya

 

pelmeniEl pelmeni (пельмени en su natural ruso) es una típica receta culinaria del Este de Europa, parecido a los ravioli o tortellini italianos –claro, salvando las distancias, aunque con algo haya que compararlos-. Si bien su origen es aún discutido, la opinión predominante es que se expandieron por la Siberia y de allí a la gran Rusia y alrededores, posiblemente, unos mil años atrás. Tiene sentido, pues gracias a su preparación, su conservación es óptima en climas muy fríos. El pelmeni es un relleno de carne de res, cerdo y cordero –ahora los hacen también de pollo o salmón- aderezado con sal, ajo, cebolla, huevo y pimienta (ingredientes ni exclusivos ni excluyentes), envueltos en una masa no muy gruesa de harina. Ya listos, deben de ser congelados antes de su muy fácil preparación. Tan es así, que cuando estuve en Moscú, escuché decir a más de uno que era comida de “solterones”. Basta una olla con agua hervida, sal, unas pocas hojas de laurel y cinco minutos –están casi listos cuando empiezan a flotar- para disfrutarlos uno, tras otro, tras otro, hasta que no queda ninguno (créanme, son adictivos). Las opciones del acompañamiento son múltiples: con smetana (sour cream importada o crema agria nacional), mantequilla derretida, vinagre de manzana, tabasco con mostaza, salsa de tomate, etc. 

1658319_912174558811931_7914335339738059300_oHasta aquí, nada especial. Sin embargo, su historia en el Perú, sí que lo es. Cuando me comentaron que los iban a producir en Lima, en volúmenes industriales, dudé sobre su éxito, basado en el chauvinismo de los peruanos respecto de su comida (muchos se ofenden si no estás de acuerdo de que es la mejor del mundo). Felizmente, el rechazo no fue tal. Elena y Mikhail fundaron la empresa Rusinca con la visión de satisfacer la demanda de pelmenis de la numerosa comunidad eslava en Lima, y en la medida de lo posible, de más y más hogares peruanos. Primero, a través del boca a boca –la mejor forma de promocionar un producto- y luego, a través de las grandes cadenas de alimentos: Tottus, Plaza Vea, Candys, Makro, Vivanda, y prontamente en Wong. Han sido un éxito rotundo, porque supieron «leer» el gusto del peruano promedio, y adaptar el sabor del extranjero pelmeni al de su nuevo mercado local. Proceso de adaptación, lo llaman los antropólogos sociales. Yo diría, olfato de buen comerciante.

307586_10200217334905882_1600215791_nSi algo le gusta al cerebro humano, es la distracción. Sí, la neurociencia ha descubierto que es tremendamente distraído. Lo contrario es el interés, la atención, el esfuerzo y la perseverancia (así, en este orden), que nos lleva a lograr resultados plausibles y la generación de valor, raison d'être de toda organización empresarial. Ciertamente, no es fácil, pero tampoco es imposible. Y la verdad sea dicha, hay pocos tipos tan trabajadores como mi amigo Mikhail Mitryakovskiy. Su vida hace honor a esa frase famosa del ex presidente norteamericano Thomas Jefferson: «Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo». Pues eso. Felicitaciones por su éxito, Elena y Mikhail. En su caso, es tremendamente merecido.

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