PALABRAS LIMINARES:



El leit motiv de este sencillo blog no es otro que comentar, opinar y compartir -sumarísimamente- sobre la lectura de algunos libros, artículos, ensayos, etc.; la impresión de algunas noticias, películas, eventos, etc.; el recuerdo de algunas comidas, vivencias, experiencias (propias y ajenas), y demás temas que construyen una conversación entre amigos.

Ojalá que la lectura les sea propicia. Sus comentarios, siempre serán valorados -los comparta o no-.



miércoles 18 de enero de 2012

¡Qué tal bruja!

 

candySábado, 6 de la tarde. Súper Mercado Candy. Av. La Brasil, altura cuadra 1 de la Av. Javier Prado Oeste, Distrito de Magdalena del Mar. Estacioné mi camioneta en el desértico sótano del establecimiento comercial, me apeé raudo y rebusqué en el bolsillo posterior de mi blue jean la lista de todo lo que debía de comprar para que en casa no faltara nada la semana que no tardaba en empezar, y así, la buena de Carmen se luciera –como siempre- con los buenos almuerzos que solo ella sabe hacer (no hay como la mano huachana). Perdón por la digresión, pero Carmen merece una pausa, para presentárselas. Es la nana de mis dos hijos, André y Sophia. Luego de varios intentos, es lo mejor que nos ha podido pasar. Una señora buenísima, que hace buen rato se ganó una suite cinco estrellas en el Cielo. No crean que no sé lo complicado que es cuidar de mis dos mostritos. Su hija, Vanessa, nos apoya desde el medio día hasta las seis, hora en que regularmente vuelvo de la oficina.

mom-shaking-babyMientras pensaba en cómo me chuparía los dedos con el arroz con pollo que Carmen prepararía el miércoles, vi delante mío a una anónima señora, alta, corpulenta, con mucho por arriba y casi nada por detrás (ustedes me entienden), pelirroja con su plata y color de piel ligeramente más cobrizo que lo habitual por estos lares. Para mi gusto, maquillada en grado sumo, a pesar de vestir buzo guinda. No más de treinta años, aunque no muy bien llevados. La verdad, no me habría fijando en ella de no ser por la forma como le gritó a su menor hijo, de unos 8 años. Carricoche en manos, devolvía furiosa las cajas de jugos de fruta que el pequeñín metía jugando. A juzgar por la naturalidad de ambos, parecía una escena regular en sus vidas. Joder, lo podrán llamar como quieran, pero eso era maltrato. Atiné a dejar caer el sobrecejo y mirarla fijamente a los ojos. Se hizo la desentendida y siguió avanzando –«se hizo pendeja», como dirían mis buenos amigos mexicanos-.

demunaAlertaIzqSuena terrible, pero situaciones no ésta no son nada raras en el Perú. Allá, por 1997, el último año de mis estudios universitarios en Derecho y Ciencias Políticas en la UPSMP, me tocó completar el año del SECIGRA (Servicio Civil de Graduandos) en una DEMUNA (Defensoría Municipal del Niño y del Adolescente) en el Distrito de Bellavista, Callao. Sí, lleve el título de Defensor del Menor, y la verdad, no lo hice tan mal. El Ministerio de Justicia me capacitó como Conciliador Extrajudicial, y con la tutoría de la Fundación Rädda Barnen (hoy Save the Children Suecia), sumada a mi formación humanista –que agradeceré eternamente a mi padre- fue posible marcar una diferencia. Por aquel entonces, creímos ilusamente que la ciudadanía privilegiaría los mecanismos alternativos de resolución de conflictos (MARCs) sobre los procesos judiciales, pero no ha sido así. También creímos que los abusos disminuirían sustantivamente, pero tampoco ha sido así. Hoy somos más violentos que nunca. El terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA está vencido y casi extinto, pero el terrorismo de la delincuencia, del maltrato, está más fuerte que nunca, y si no hacemos algo, empezaremos a competir con el norte de México y algunas ciudades de Colombia, no precisamente en turismo. 

brujaCompletada la lista del mercado, y abarrotado el carricoche de víveres, artículos de limpieza, pañales y alguno que otro snack, me dirigí a una de las cajas registradoras a pagar por el todo. Grande fue mi sorpresa, cuando, en la caja registradora del frente, estaban pagando la señora de marras, su crío y el calzonudo de su marido. Sin embargo, más turulato quedé al reconocer al pobre hombre. Era Arturo, un viejo amigo de la infancia, algo mayor que yo (unos 6 años), con el que solíamos jugar futbolito en la cancha de la Av. Bertolotto o en el área común de las Torres de Julio C. Tello, en la parte antigua de San Miguel, allá por los albores de la década del Noventa, el milenio pasado. Me miró sin mirarme, con cara de cansancio, incluso tristeza, si no es lástima por sí mismo. No lo quise saludar. ¿Por qué? Se llama vergüenza ajena. Pelado, gordo, ojeroso, fofo como peluche de arrabal; con una panza prominente y unas nalgas invertidas propias de muñeco de año nuevo. Nunca vi suspirar a nadie tantas veces, en tan poco tiempo. El crío, gritando como un poseso, exigía a voz en cuello las gomitas en forma de oso que –muy inteligentemente- los administradores de los supermercados ordenan justo al costado de las cobradoras. La iracunda mujer, su mujer, le ordenaba que no fuera tan huevón –un poquito cojudón, diría un añoso padre sodálite- y que hiciera algo, o en su defecto, que le sacara la mierda a su hijo por malcriado (mira quién habla). Es verdad, Arturo nunca fue el más guapo del barrio, pero no se merecía una bruja como esa –con el perdón de las señoras que me puedan leer-. Santo varón, para eso está la etapa de enamorados. Que te quede bien claro: la gente no cambia. Si pinta para bruja, y crees que va a cambiar por ti, vas para mártir, y esto es.

lunes 3 de octubre de 2011

Ex Libris

 

IMGCuando un artículo está bien escrito, no hay necesidad de enmiendas, recortes o correcciones, sino más bien, hay que honrarlos y limitarnos a copiar y pegar, eso sí, citándolos. Y esto mismo sucede con el artículo de Karim Taylhardat sobre el Ex libris, del Centro Virtual Cervantes. Como bien refiere, ‘de entre los libros’; ‘uno de los libros’, e ‘inscripción seguida de nombre o iniciales’; ‘posesión o marca, o contraseña’; ‘indicación de pertenencia’; ‘justificación del dominio’; ‘volumen que forma parte de’; y, según el marqués Piedras Albas, «marca que equivale a un título legítimo de propiedad sobre uno de los libros, hecha por el dueño de la biblioteca», colocada, acaso, en el revés de la cubierta o en la portañola, cumpliendo así todos los requisitos del efecto estético, de algo gráfico, distintivo o alegórico de la persona a la que representan, o una recreación relacionada con la personalidad, o profesión.

ex-libris2«El exlibris es al talento lo que el blasón a la nobleza; el valor de un bibliófilo está en relación inversa a la categoría de sus exlibris», aproximaciones que, en España, fueron seguidas por artistas como Triadó, Miquel i Planas y A. Riquer, y resultan clarificadores los estudios insertos en Revista Ibérica de Ex libris (1903), expertos exlibristas que han pedido calificación de ciencia para el ex libris, con un valor que en ocasiones rebasa el del propio libro; e incluso son cuidados como reliquias.

exlibrisCHEl sello Ex Libris es tan antiguo como los faraones (Amenofis, hacia el año 1400 a. C. sellaba rollos y papiros que los identificaba a su biblioteca), pero es a partir de la introducción de la imprenta y el uso de las técnicas de grabado cuando podemos hablar ya de ex libris en el sentido que le damos actualmente al término. Para mí, es un acto de amor hacia el mejor compañero que hemos tenido, desde los tiempos de Gutenberg hasta antes del advenimiento de la cultura audiovisual. Antes que él, porque los libros siempre fueron un artículo excluyente y exclusivo a los ricos y los monjes. Y es con la imprenta que se empieza a producir en mayores volúmenes y su uso se extiende hasta nuestros días. Y llega hasta el nacimiento de la cultura audiovisual porque el ser humano ya no quiere imaginar leyendo vidas ajenas, sino que frente a un computador o una consola de videojuegos, vive sus propias aventuras, y ya no lee, porque “es aburrido” (sic). Es así, que es mandatorio revelarnos y regresar a ellos, preservarlos del olvido, tocarlos, olerlos e imprimirles ese sello que de alguna manera los hace nuestros y de nadie más.

dgYo siempre creí que hacer un sello Ex Libris me costaría unos buenos soles, además de ser labor de artistas, por lo tanto, complicado de lograr. No podía estar más equivocado. Un fin de semana, animado por mi hermano mayor, Fidel, nos dimos una vuelta por las galerías del Centro de Lima, más precisamente, entre las galerías de la Av. Wilson (cluster de todo lo informático), contactamos con uno de los muchos diseñadores gráficos que por ahí hay, y con la ayuda del Photoshop y del modelo que previamente le había indicado, tardó no más de 10 minutos para definir el diseño que aparece en el primer párrafo, y en cosa de una hora y media, ya estaba listo el sello para usarse. ¿Por cuánto? Dejen esa modorra y dense un salto. Esta vieja tradición, rancia y aristócrata, está finalmente al alcance de los bolsillos de todo, y si tu amor por los libros es tan cierto como afirmas, date el gusto. No te arrepentirás.

jueves 4 de agosto de 2011

Always, sometimes and never

recordarHay ciudades que luego de visitadas, cuesta mucho recordar, porque no dejan en la memoria nada "particularmente memorable” que las traiga de vuelta y que nos anime a volver, o por lo menos, detener la marcha, prender un cigarrillo, mirar al cielo y revivir -en esa loca de casa, que es la imaginación-, lo allí vivido. De hecho, está como negado volver sobre el camino recorrido. Así lo quiere San Antonio Machado en sus versos, y así lo canta el viejo César Isella, en Canción de las simples cosas: “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas…”, canción tan sentida en las voces de Chavela Vargas, Mercedes Sosa, Concha Buika o Alberto Cortés, respectivamente. 

 

taxiCon Buenos Aires no ocurre eso. Uno siempre quiere volver. Puede que con el tiempo sature, como admite Joaquín Sabina en su biografía, Yo también sé jugarme la boca. Sabina en carne viva, tan bien contada por Javier Menéndez Flores, pero al rato, ya querés regresar, en buen porteño. Y es que solo allí te pueden pasar historias tan memorables como la de un viernes por la mañana, cuando tomara un taxi en la Av. Arenales, Recoleta, para dirigirme a Puerto Madero. El taxista, de origen sirio, luego de relatarme muy brevemente su viaje en familia a Disneyland –el que llevara puesto un polo negro de Micky Mouse dio pie a la conversación, aunque no se precisa de excusa para  platicar con los taxistas porteños-,  empezó a compararme los barrios parisinos –que conociera en su juventud- con las construcciones que teníamos frente al parque donde se yergue el Torso Masculino Desnudo de Fernando Botero (dicen que en Lima están los taxistas más cultos del mundo, porque las tasas de desempleo son altísimas y más altas aún son las tasas de profesionales sin trabajo, pero se equivocan, los más cultos están en Bs As). Tan animada estaba la conversación, que minutos antes de llegar a donde me esperaban –nunca lamenté tanto llegar a mi destino- me compartió la charla que tuvo la noche anterior con un inglés, a quien recogió del Alvear Palace Hotel para llevar al Aeropuerto.

 

buen-vestir-dosLe develó, en una risueña conversación, y él a mí, ese arcano sobre el uso de los botones del saco de vestir. Hay quienes los usan de uno, dos o tres botones –dependiendo de lo que esté de moda-. Y si es de tres, nadie terminó de explicarme si lo propio es abotonar uno, dos o los tres botones –excusa el pleonasmo-. La regla es muy simple, le dijo el buen inglés: el primero es el always, es decir, que siempre va abotonado. El segundo es el sometimes, o sea, que dependiendo de la ocasión, formal o informal, debe de abotonarse, aunque de preferencia, sí. Y el tercero es el never, en otras palabras, nunca va abotonado. Nunca se me hubiera ocurrido aprender esta regla del buen vestir en un taxi camino a un almuerzo, y menos en una ciudad extranjera para mí, como Buenos Aires. Para mayor abundamiento sobre el abotonamiento -perdón por el neologismo- pueden revisar este link: http://serdandi.blogspot.com/2011/05/sobre-los-botones-del-saco.html. Larga vida a Bs As, y que los astros siempre nos sean propios para volver.

martes 29 de marzo de 2011

Héroes postmodernos

 

heroe-¡Los héroes han muerto! -gritó, entre ensordecedores vítores, un viejo político de dudosa militancia partidaria. El tremendo ruido me produjo un gran sobresalto, arrancándome aparatosamente de un sueño que ya no pude recordar. Apagué el televisor y me quedé pensando en la frase. La mera verdad, yo no estaría tan seguro de tamaña afirmación. ¿Por qué? Es que conozco a uno, anónimo y amigo, y sin duda alguna, muchos de ustedes también conocen a alguno que otro. Y es que un héroe, en términos mundanos y actuales, es toda persona ilustre por sus virtudes. Y la virtud, no es más que la disposición constante del alma para las acciones conforme a la ley moral. Esta es su historia.

 

manosValentín -sin entenderlo entonces- amó a Angelina ni bien se cruzaron sus tímidas miradas, una lluviosa noche de noviembre, en un solitario café del norte de California. Y ella no le fue indiferente. Amiga de sus amigos, arribaba recién a los United desde su natal Buenos Aires. Antes que un impulso sexual (ella se le hacía, la mujer más hermosa que había visto en su vida), lo que los atrajo indefectiblemente fue un raro presentimiento de saberse conocidos, cual Déjà vu, aunque, con la absoluta certeza, de ser ésa la primera vez que se veían (ella nunca había estado en el Perú, y él, nunca había visitado la Argentina). Y se propusieron ser amigos, y lo fueron… los mejores. Él, se reinventó, volviéndose en un mejor ser humano, para siempre encantarla y no aburrirla nunca. Y ella, se volvió también en una mejor persona, siguiendo su ejemplo y atesorando todas esas enseñanzas que él le regalaba cada vez que se veían. Fueron siete meses de felicidad inmensa, de complementarse. Y cuando no, de miradas cómplices, de casuales rozamientos de manos, de abrazos prolongados, de sentidos besos en la mejilla, de sueños compartidos y de promesas que no terminaban de decirse. Se reconocieron ante la desnudez de los nombres y la prescindencia de las circunstancias, y entendieron que solo serían felices, si él era para ella, y ella, para él. Sin embargo, en la siempre nublada Lima, esperaban a Valentín, como Penélope y Telémaco, María Pía y Étienne, su esposa e hijo, respectivamente. Terminada su maestría en Berkeley, debía de volver a donde pertenecía, y dejar de lado todo aquello que pudiera retenerle. Era su deber, como esposo y como padre, aunque todo su ser le exigiera que se quedara, que rehiciera su vida con ella. Recién ahí, comprendió que las viejas novelas de amor no mentían. Un fortísimo dolor en el corazón, producto del estrés por la separación, se apoderó de su pecho. Persistente dolencia que le acompañaría por muchos años más. La idea de separarse de ella, de no volver a verla más, lo atormentaba profundamente.

 

adiosNo son fáciles las despedidas. Peor aún, cuando no te quieres ir y no quieren que te vayas. La citó en el mismo café donde se vieron la primera vez, y al levantarse del buth para recibirla, impasibles, empezaron a correr lágrimas de sus ojos. Angelina lo entendió todo al instante. Era el final, aunque los finales no existan. Ella habría querido arroparlo en su regazo, besar cada milímetro de su rostro, amarlo con la intensidad del condenado que espera la muerte al alba, porque al separarse, algo en ambos moriría. Se tomaron de las manos y no pararon de prometerse ser felices en una vida mejor, donde él no tuviera impedimentos, y ella, contara con la suficiente fortaleza y madurez de espíritu para apostar por esta imposible relación. Y sus labios se buscaron, precisaban fundirse, ser uno… pero a escasos milímetros, Valentín, temblando, bajó la cabeza. Quería mantenerla siempre así, inefable, inalcanzable, perfecta. Y así mismo fue. Habría sido tan fácil llevarla a su departamento y consumar sus sendos deseos de devorarse una y otra vez… ¿Y después, qué? Su padre le instruyó a hacerse siempre esta pregunta, porque él, sí que tuvo que pagar las consecuencias de seguir sus impulsos, y luego, arrepentirse, para un malhadado día, sucumbir ante los tormentos de la memoria.

 

recuerdoNo hubo día que no la recordara, y al hacerlo, en soledad, sonreía de felicidad. María Pía lo miraba desde lejos, pero no lo entendía, de hecho, nunca lo entendió. Y no hubo vez, en los varios viajes de trabajo que hizo a la Argentina, que no la buscara en todos los rostros femeninos que al azar se le cruzaban, mientras recorría las “parisinas” calles de la Capital Federal, pero ninguna lo enamoraba. Y fueron pasando los años, y en la apasionada reconciliación de un pleito absurdo con María Pía, la vida les regaló a Isabeau, una hermosa niña que copiara -ironía de la vida- el color y la forma de los ojos y el cabello de ella. María Pía nunca se pudo explicar el inmenso amor que Valentín desarrolló por su menor hija. Y los celos empezaron a amargar la relación, y a deteriorarla. Vive Dios que Valentín trató hasta lo indecible para mantener a flote un bote que estaba condenado al naufragio. Y llegó la separación convencional y luego, el divorcio. Dejó todas las propiedades a nombre de María Pía y de sus dos hijos. Acordó una generosa pensión de alimentos, le otorgó la tenencia de los menores y cambió de trabajo. Dejó la gerencia de Recursos Humanos de una pujante empresa y empezó con dos amigos su propia Consultora, que hoy, es una de las mejores rankeadas en la región.

 

san martinoA finales del 2010, invitado por su hermana Isabela, a pasar la Navidad en Barcelona, aprovechó para hacer escala previa en Italia y visitar la toscana ciudad de Lucca. No entendía muy bien por qué iba allí, pero debía de ser así. En un sueño recurrente, su difunto padre, don Rafael (RIP), le pedía insistentemente que fuera a recoger un importante recado al pueblo de Lucca. Se lo había prometido. Y mientras fotografiaba el detalle de los arcos del Duomo di San Martino, parada frente a él, estaba ella, petrificada por la sorpresa de verle, más gordo, más barbudo, más maduro, pero al fin, él. Sí, era ella, Angelina, más hermosa que siempre. Y a esas horas, un sol ibérico la rodeaba con un halo dorado, que parecía hacerla flotar, como la Remedios del Gabo, en Cien años de soledad. Habían pasado casi 15 años desde la vez que se despidieron, en un Dennys de Palo Alto, en California. Y ahora, por fin, nada se interponía entre ellos. Luego de consumar su amor en la tierra de los Montesco y los Capuleto, se mudaron a un lindo barrio de Córdoba, Argentina, donde también viven los padres de ella. Hoy por hoy, planean aumentar la familia, comprar un mastín español, y no esperarse a una segunda vida para ser felices. Mientras tanto, vía telefónica, Valentín me terminaba de contar sus planes, escuchándose desde el fondo la canción “Hasta Cuándo”, de Alejandro Sanz. Creo que es también su historia. No sé lo que piensen ustedes, pero su vida ejemplar, su terquedad para cumplir las promesas hechas en sueños, y el anteponer antes que todo el deber, lo hacen para mí, un héroe moderno. Las guerras más difíciles son aquellas que se luchan contra nosotros mismos y nuestras circunstancias. Si lo sabrá Valentín.

miércoles 16 de marzo de 2011

¿Tenemos en el Perú, la mejor comida del mundo?

 

imagesCuando en el Perú decimos que “creemos que tenemos la mejor comida del mundo”, no exageramos. Y no exageramos, porque creer es y seguirá siendo, un acto de fe. Y vaya que tenemos la sacrosanta fe, de que es así. Creer, del latín credĕre, es para el DRAE, tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado. Y la verdad, no hay foro ni consenso mundial que haya dado por sentado, que en el Perú, se hace la mejor comida del mundo. Pero no nos importa, porque en Lima nos hemos hecho con ese título, desplazando a toda prisa a toda consagrada cocina -estas sí, de fama universal- como la francesa, española, japonesa, italiana, china, y paro de contar.

 

cocinaaltagParticularmente, pienso que tamaña afirmación es una exageración, tan grande, como el otrora ego de los porteños (algo bueno hay que reconocerle a Carlitos Saúl Menem). No obstante, exageración y todo, nos ha servido de vehículo para reforzar nuestra alicaída identidad, y generar un consenso interno que suma en vez de restar, como es la costumbre. No voy a negar que en el Perú la oferta es cuantiosa y sabrosa, y seguramente, muy superior a la de la región centro y sudamericana, pero hasta ahí no más. Porque hablar de una alta cocina nacional implica procesos, políticas, estándares, insumos, servicio, marketing y demás, de primerísima calidad, además de muy bien definidos. Pero sobre todo, que un tercio de tu población, no esté inmersa en la pobreza, por no decir la miseria. Es recién ahí, después de que una sociedad ha superado el flagelo de la pobreza, es decir, que no sufre de hambre, que puede iniciarse a un nivel más o menos macro, en el refinado gusto por lo gourmet. ¿O es que la Guía Michelin se fija en alguna ciudad pobre?

 

Receta-aji-de-gallina-comida-peruana-comida-criollaPongamos un ejemplo: Uno de nuestros platos bandera es el ají de gallina. Sin embargo, uno puede ir a diez distintos restaurantes de Lima, y siempre será diferente la preparación y la presentación. En principio, ya no es de carne de gallina –como antes-, sino de pollo. Unos usan la pechuga, otros prefieren la carne más roja de la pierna y el muslo. Otros le echarán pecanas o nueces, mientras que para los demás, lo esencial es el marcado gusto del ají amarillo. Aquellos preferirán la galleta de soda al pan remojado en caldo de gallina, cuando no en leche fresca, o evaporada (léase, de tarro). También encontraremos a quienes prefieran un tipo de papa en vez de otra. O la decoración, no siempre con lechuga y una tajada de huevo duro. Y eso que el plato es sencillo y archiconocido por estos lares. Bien pronto verán, que el mayor problema radica ahí. Sin duda, todos amamos la cocina de nuestras madres y las recetas de nuestras abuelas, y todos creemos que tenemos la mejor receta del ají de gallina. Y nos pasa lo mismo con el cebiche, el arroz con mariscos, la ocopa, el arroz con pollo, la carapulcra, el cau-cau, el tacu-tacu, etc. Mientras no nos pongamos de acuerdo, y estandaricemos por lo menos una sola receta; mientras no seamos respetuosos de la técnica y de los procesos (temperaturas, cocción, refrigeración y demás), no vamos a llegar muy lejos. Vamos a salir al exterior, sin duda. Es parte de la globalización, pero vamos a competir entre nosotros mismos por ser el mejor restaurante peruano, cuanto más, el mejor latino (en ese campo, los mexicanos y su marcada influencia francesa y mercadotecnia gringa, nos llevan muchísima ventaja), pero nunca el mundial.

 

manhattanEn la mayoría de mis viajes al exterior –cuando el tiempo me lo ha permitido-, he visitado diversos buenos restaurantes -no solo de la comida local, por cierto-, para sabrosearla convenientemente, y por qué no, investigarla. Y ya fuera que cenara en San Francisco, Chicago o Manhattan, apostar como entrada por los Escargots à la Bourguignonne fue siempre agradecido, porque sin importar el lugar, siempre fueron los mismos. Lo mismo con las crepas de huitlacoche, ya sea en Los Angeles, Las Vegas o la Ciudad de México, el sabor, la presentación y la técnica fue la misma. Incluso en lo más simple: un bife de chorizo al mejor estilo gaucho, en Buenos Aires, Montevideo o Curitiva, fue igual de jugoso y sabroso. Así, el comensal no tiene desagradables sorpresas, y define sus preferencias. Pero en Lima, todos queremos ser Ferran Adriá, y elaborar los platos de nuestra gastronomía al mejor estilo de autor.

 

GASTON-acurioNo me cabe la menor duda que gozamos de varias ventajas competitivas, que en un tiempo dado, nos pondrán entre las varias mejores cocinas del planeta, pero falta muchísimo trabajo, y mucha más humildad. Contar con tantos microclimas, gozar de una costa cosmopolita y generosa, de una sierra alto-andina llena de secretos, de una Amazonia casi virgen y uno de los mares, sí, más ricos del planeta, nos aseguran los mejores insumos; y creernos que podemos lograrlo, sin duda, marcará la diferencia. Pero vayamos avanzando de a pocos. Pongámonos de acuerdo, primero, en ¿qué es qué? Si el cebiche llevará kión (jengibre), o Ajinomoto, o apio, o rocoto, o yuyo, o será tan simple y contundente como el de Javier Wong, a quien The Guardian de Londres le diera el título del Mejor Cebiche del Mundo. Convengamos de una buena vez si los cortes serán de una pulgada, o dos. De eso, todavía tenemos mucho que aprender de los maestros japoneses, que son los padres putativos de nuestra actual cocina marina. Es cierto, hemos avanzado mucho en darle un lugar de relevancia en nuestra sociedad a los cocineros, tan desmerecidos, desprestigiados y subvaluados que estaban. Gastón Acurio es el mejor ejemplo de ello. Pero no sería quien hoy es, sin su formación en Francia, su cosmovisión, y la influencia de Astrid, su mujer, heredera de una ordenada educación germana. ¡A echarle ganas, que la aventura culinaria apenas empieza!

lunes 14 de febrero de 2011

Desagraviando a Iquitos

Cuando le conté a mi viejo amigo Cristian Milla, (A) El Boti (http://boticorleone.blogspot.com/), que tenía planeado viajar a Iquitos, me afirmó –basándose en sus recientes experiencias loretanas-, que ni bien bajara del avión, sentiría en la atmósfera un fuerte aroma a sexo, porque si algo es Iquitos, es sexo. Y vaya que no es la primera vez que escucho lo mismo. Son innumerables las historias de maridos infieles que perdieron la cabeza en la provincia de Maynas, y de paso, sus familias. Como innumerables, también son, las leyendas urbanas sobre la ardiente ninfomanía de las charapas (naturales de la selva peruana). Incluso, hasta las novelas del premio nobel peruano: Pantaleón y las Visitadoras, y El sueño del celta, detallan cómo sus personajes principales sucumben a esta epidemia sexual que parece padecer Iquitos, ya sea con hombres, ya sea con mujeres, ya sea con homosexuales. Para mí –apriorísticamente hablando-, no es más que un sesgo cognitivo que los sicólogos han querido bautizar como el Efecto halo. Pero para afirmarlo, había que vivirlo, y en vuelo de LAN, llegué de mañana un martes 8 de febrero al Aeropuerto Coronel FAP Francisco Secada Vignetta. Por fortuna, mi buen amigo chileno, Felipe del Pozo, me había reservado habitación en el añoso Hotel Acosta, de 3 estrellas, aire acondicionado, televisión con cable y wireless, por ciento veinte soles la noche. Con 29° Celsius, y clima de selva, el aire acondicionado pasa a ser una condición sine qua non. En pleno verano y con cielo despejado, era de suponer que los habitantes de Iquitos paseen con cortísimas prendas de vestir. Pero más que su gente, llamó poderosamente mi atención la cantidad de motos y trimotos (mototaxis), circulando por la ciudad, rodeada de verde y de la brisa del Amazonas. Su dejo al hablar, cantarín, también es de resaltar, y su espontánea sonrisa que invita a la plática.  

 

Aunque había que tratar unos negocios, me di tiempo para pasear por sus barrios no tan turísticos, conversar con sus pobladores, recorrer tarde por la noche su afamado bulevar y visitar cuanto buen restaurant tuviera al frente. El barrio que más me sorprendió, por su brutal belleza, fue Belén. Acompañado de un guía de la zona, Félix de Águila (el no hacerlo, garantiza que le roben a uno hasta los calcetines) nos internamos por su laberinto de calles, todas llenas de comerciantes con los productos más inverosímiles que uno pueda imaginar: carne de lagarto, armadillo, tortuga, sajino, ronsoco, aves exóticas, diverso tipo de peces de río (paiche, doncella, dorado, piraña, carachama, etc.), frutas por doquier de nombres difíciles de pronunciar, plátanos de todos los tamaños, y paro de contar. Sin exagerar, unos mil comerciantes en el piso o con un pequeño mostrador de madera. Hay que agregar lo intimidante que resulta sentirse observado por cientos de ojos. No es difícil reconocer al intruso, quizá terco, que no quiso aceptar el consejo de no llevar nada de valor. Luego de mucho caminar, terminamos a orilla del río Itaya. No avisté ni un solo policía o guardia municipal. Abajo, nos esperaba un peque-peque (embarcación de madera y pequeño motor fuera de borda) para cruzar a la otra orilla y pasear por el río, apreciando los palafitos, y la vida salvaje en todo su esplendor. ¿Qué dirían los políticos que aseguran que vamos al primer mundo? Ni agua potable ni desagüe ni luz eléctrica ni calles ni dignidad. Letrinas cuyos desperdicios van a dar al río donde se bañan y pescan y recogen el agua para vivir. No una, ni diez, ni cien. Mil, y más familias. Sin embargo, no deja de ser hermosa, porque está vivo, y sonríe. Que sus niñas, de 12 o 14 años, busquen el sustento prostituyéndose, no nos sorprenda ahora. Es el hambre, nuestra contumacia, y el morbo del inmoral que cuenta con algunos billetes, lo que genera un tráfico sexual que nos escandaliza en público, pero del que nos servimos para satisfacer nuestros más bajos instintos.   

 

- ¿Quieres chica? –me pregunta una agraciada muchacha, cuyas generosas tetas son apenas cubiertas por una escotada blusa amarilla, boca rojísima por el exagerado rouge, de unos diecisiete años de edad. Antes de darme tiempo a responder, agrega: –Son sesenta soles. –No, gracias, así nomás. Me regala una sonrisa, y se aleja por el bulevar de blanquiazules formas. Son las diez de la noche, y sigo sentado en la baranda de cemento, y veo como un parroquiano, bajito y panzón, con pinta de profesor de matemáticas, de unos 60 años, le toca el culo y luego de un breve parloteo, se alejan. Alrededor, todo es celebración y bullicio. Loretanos vestidos de selváticos salvajes juegan a escupir fuego y a caminar descalzos sobre él, para beneplácito de los turistas, casi todos gringos, que no paran de fumar yerbas alucinógenas y beber litros de cerveza. El Iquitos que encontrara Roger Casement en 1910 no debe distar mucho de éste, cien años después. Los gringos siguen siendo los amos y señores. Me siento en el bar de la esquina, y un texano –de la mesa del lado- me cuenta en inglés que la población homosexual es también abrumadora, aunque funjan de prostitutas y muchos no noten la diferencia (¡!). Luego me pregunta si me quiero tirar “little puzies”. Pago mi trago, me levanto parsimoniosamente y le respondo: Go fuck yourself.

 

Al tercer día, alisto mis cosas para volver a Lima, y por el balcón de mi habitación de hotel, observo a la gente pasar, como al lado del camino. Es gente bonita, que siendo como es, puede enamorar a cualquiera. Su comida es muy sabrosa, y sus jugos de fruta, inmejorables. El lagarto a la parrilla lo recordaré por siempre, al igual que el cebiche de dorado y el paiche a la menier. Y sus chicas son harto divertidas, juguetonas y coquetas, en el mejor sentido de la palabra. Definitivamente, volvería una y más veces. Pero por todo lo que tiene Iquitos de hermoso, que es mucho, no por esa mal ganada fama de Somoda y Gomorra de la Amazonia. No es justo. Prostitución hay en todas partes, abuso a menores también. Pero pobreza extrema como ésta, espero que no. Viajero, vive Iquitos de otra manera. Verás que no te arrepentirás.

lunes 13 de diciembre de 2010

La hermandad del mate

 

En principio, es la sangre la que nos hermana, y nos crea un vínculo, que ojalá durara por siempre, pero que el tiempo, celoso, siempre termina por romper. También están los hermanos del alma, los elegidos, aquellos que escogimos para quererlos como a propios, porque así lo quiere el corazón. Y ante la falta de ese fluido bermejo que es la sangre, nos vamos inventando sucedáneos líquidos que nos confirmen que sí es verdad que somos hermanos, asi no lo hayan querido nuestros padres. De todos ellos, hay uno que me interesa en particular: el mate (en portugués mate o chimarrão, "cimarrón"; en guaraní Ka'ayka'a= hierba, y= agua—), infusión preparada con hojas de yerba mate (Ilex paraguayensis), planta originaria de las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, previamente secadas, cortadas y molidas.

 

Rodolfo RamóParticularmente, no fue sino hasta conocer a Rodolfo Ramó (en buen francés, el apellido se escribe Rameau, como el famoso lírico Jean-Philippe), uruguayo entrañable, que me animé a probarlo, y luego de acostumbrarme a su amargor, cebarlo una y tantas otras veces (no pude haber encontrado mejor maestro). Y me animé porque encontré en él al amigo que se parecía a mi padre –Rodolfo tiene ya 59 años-, y que no sólo compartía mis bromas e ideas respecto del mundo, sino, que me iba dejando en cada charla, un consejo, una semilla, una sugerencia, un “veneno”, que he ido recogiendo con mucha humildad y ojalá sabiduría, porque sé que viene de alguien que está acostumbrado a dar, y a querer a pecho abierto, porque sí. Y porque es abuelo y es padre y es hijo y es esposo y es amigo, y porque tempranamente perdió a su padre cuando éste cumplió los 39, y porque un malhadado día hipotecó su presente por un futuro prometido, y antes de los 45, entendió que se había equivocado, que estaba invirtiendo los mejores años de su vida, no con quienes más amaba y lo amaban, sino, con los clientes y los compañeros de laburo, a veces en China, otras en Brasil, o en Argentina o en Perú, así que, hubo que replantearlo todo. Porque la realidad es cambio, como quería el sabio Heráclito de Éfeso, y si no enmendamos el rumbo cuando  lo notamos, o nos lo hacen notar, nos perdemos y perdemos a quienes más queremos. También me enseñaste a hacer asado, y a curarme con la risa, y a revalorar el Uruguay, ya no por los pocos escritores que conocía (Rodó, Onetti, Galeano, Benedetti, etc.) sino por su gente y sus costumbres, y su europea culinaria.

 

148888_1684760242527_1343257456_31777371_3526822_nAlgo sé del mundo de las ventas, y para mí, es el mejor vendedor de buses del continente sudamericano, ¡un grande!  El que su oficina, de Gerente de Buses, haya estado pegada a la mía, ha sido una agradecida coincidencia que ha enriquecido mi vida, porque nos permitió –a veces- compartir almuerzos, volver juntos a casa, ahondar la amistad y tener siempre ese diálogo franco y horizontal, de tú a tú. No es el momento ni el espacio para tratar de entender por qué dejas este proyecto y empiezas otro en tu país. Y no podría discutirte, porque como pocos, le has descubierto a la vida esos mensajes que quedan escondidos al lado del camino, y sabes porque sí, y porque no. Entendiste pronto que todo tiene un precio, pero no igual valor. Te vamos a extrañar, pero a la vez, sabemos que siempre que pasemos por Montevideo, ahí estarás para nosotros. Y ya que estamos hermanos por el mate, créeme que luego de cebarlo, siempre correremos un espacio, porque ése, te tocará a vos. La mejor de las suertes en esta nueva aventura, pero ahora sí, en tierra charrúa. ¡Ta!

martes 30 de noviembre de 2010

Días felices en Buenos Aires y Colonia de Sacramento (Uruguay)

Buenos_Aires_-_Monserrat_-_Avenida_9_de_JulioPensarás que ando por la vida cual imberbe adolescente que confunde sus sentimientos a pesar de que se va haciendo más viejo... sí, quizás sea el paso del tiempo, chi lo sa? -diría el tano-. Y es que he de confesarte algo, me he vuelto a enamorar, pero esta vez, de una ciudad, y claro, de su gente, de sus costumbres, de sus circunstancias: Buenos Aires. La semana que pasé allí fue enteramente feliz, llena de sorpresas imborrables, promesas cumplidas, sueños realizados, experiencias memorables, y paro de contar. Y con Vallejo, recitaría ufano: "en estas circunstancias, quiero laurearme pero me encebollo y, ni qué decirlo, quiero decir muchísimo y me atollo".
DÍA 1.- Ni bien llegados del Aeropuerto Internacional Ezeiza, nos hospedamos en un departamento amoblado, blanco como la cal, de sexto piso y terraza, ubicado sobre la calle 1800 de Arenales, a pocos pasos de la bulliciosa avenida Callao, en el barrio de la Recoleta. Ni bien pudimos, corrimos al Carrefour más cercano, para abastecernos de lo mínimo necesario, habida cuenta que el lunes 22 de noviembre sería feriado y no había certeza de que las tiendas estuvieran abiertas (por primera vez en la historia argentina). Por fortuna, nos equivocamos. Mientras elegía los quesos y embutidos, me preguntaba, ¿por qué no tenemos un Carrefour en Lima? En fin, nada en la vida es completo. Y ese mismo sábado, nos entregamos jubilosos a la noche porteña. Y como cantaran a dúo Joaquín Sabina y Rocío Dúrcal, "...nos dieron diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres, y desnudos al amanecer nos encontró la luna". Pienso hoy, que fue ahí que se hizo la magia, y la vigorosa desnudez de la verdad se arropó, presta, con un diáfano manto de fantasía. Algo pasó, sin duda, pero no lo sé explicar. El alma tiene un lenguaje que sólo se entiende a nivel espiritual, y que al hacerse palabra dicha, se mediatiza y pierde su esencia.
DIA 2.- El caluroso domingo 21, con nubes de algodón y vientos refrescantes, nos había reservado una fiesta gaucha, en una estancia del sur, a 90 minutos de la gran ciudad, al costado de una mansa laguna de cuyo nombre, ahora, no me puedo acordar. Fue una fiesta abundante en asado, empanadas, tintos, quesos, café, mate, dulce de leche, etc. Bailamos con el show de gauchos, compartimos mesa con franceses, nos refrescamos con más de una Quilmes tamaño familiar, y celebramos la vida como Dios manda. Luego de intercambiar aros por besos, atrapados al galope por duchos gauchos, debimos de partir cuando empezó a ocultarse el sol. No podíamos perdernos la Feria de San Telmo, y sus tantos y tantos anticuarios de antología. Caminata agradecida que nos devolvió el aire y el equilibrio mental, luego de tanto alcohol y jugosísimos asados de tira y bifes de chorizo. ¡Vaya que existe la belleza! Un crisol de razas occidentales con sus mejores exponentes, jovencísimos cuerpos en ropas cortas y años mejores. Pasaron como nada dos horas de continua caminata que nos llevaba de una tienda a un puesto ambulante, y de ahí a un templo franciscano y al interior de un mercado, para terminar en el centro de una plaza monumental, rodeada del lila del jacarandá. Por desgracia, el día empezaba a hacerse noche. Tomamos el primer taxi -un viejo de 78 años encantador- de vuelta a casa, y al pasar por la Catedral Metropolitana, decidimos hacer una parada. A las 7:30 pm empezaba un concierto de música clásica: Mozart. Un coro de 40 voces, un director de fama internacional y eximios músicos en ejecución, por el precio de nada, eran razones de peso para ocupar una banca de madera, al frente del altar mayor, cerrar los ojos, y elevarse a las alturas celestiales sin más humo que el de las velas chamuscadas de los retablos de los costados. A las 9:30 pm nos volvimos a juntar con los amigos, para cenar y compartir las experiencias del día. Llenos de comida y experiencias, volvíamos a ser felices.
IMG_2218DÍA 3.- Para el lunes, las sorpresas no fueron pocas. Un city tour guiado por los lugares más emblemáticos de la capital federal. Primero, la Plaza de Mayo, recorriendo la periferia de la Casa Rosada, ingresando a la Catedral Metropolitana y admirando el ambiente dedicado al Libertador José de San Martín, escuchando historias sobre el obelisco, el Banco Central, los no tan lejanos edificios de Puerto Madero, etc. Luego, la visita al Estadio del Club Deportivo Boca Juniors, fotos con la estatua de Maradona, los muchos trofeos internacionales, y demás. Paseo por las tribunas, y más y más fotos. Nos advirtieron que no cruzáramos al frente, por razones de seguridad, sin embargo, nada irregular les sucedió a los que hicieron caso omiso de la advertencia. Una vez todos en el mirabus (la mayoría del Brasil), partimos con rumbo a Caminito. Multicolor, abarrotado de turistas, cafés, restaurantes, tiendas, estatuas, balcones, músicos, empanadas, policías y la mejor de las buenas ondas. Aprovechamos para cambiar dólares: $ 3.90 pesos argentinos por cada dólar americano, era más que justo. Para los que vivimos en Lima, el cambio nos favorece y todo nos parece más barato. Siempre fue al revés, hasta el desmadre económico que empeoró con Carlos Menem y se volvió insostenible con Fernando de la Rúa. Luego vino un recorrido general por los grandes parques de la ciudad y sus muchos monumentos, museos, edificios públicos, deteniéndonos por ratos en San Telmo, Palermo, Puerto Madero, Recoleta, y así. Nos bajamos en Recoleta y fuimos a rendir honores a los restos momificados de Eva Duarte de Perón. La Santa Evita, como titula su novela Tomás Eloy Martínez (imperdible de leer). Es increíble que sea más visitada que el mausoleo de Domingo F. Sarmiento, ex presidente y autor de Facundo. Almorzamos al mejor estilo argentino, y fuimos a recorrer la Av. Corrientes, y sus muchos teatros y librerías. Alena, la gestora de este viaje, aprovechó para hacerme mi regalo de cumpleaños. Compró entradas vip para ver, el jueves 25 por la noche, en el Teatro Metropolitan 1, a Los Reyes de la Risa, con los consagrados Alfredo Alcón y Guillermo Francella. Y así, seguimos visitando librerías y comprando libros y más libros. ¡Baratísimos! Además de encontrar títulos muy escasos y sobrevalorados en el Perú. Empezó a llover, y raudos y felices, avanzamos cerca de un kilómetro para terminar en el subte, y luego de mucho preguntar, bajamos en la Estación Piedras, al ladito del centenario Café Tortoni, al que hicieran famoso luminarias como Alfonsina Storni, Carlos Gardel, Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, y más. Fue como retroceder en el tempo. La comida no estuvo mal, tampoco las bebidas, pero el servicio y una mosquita en la leche tibia, que acompañaba al chocolate caliente, nos devolvieron de golpe a la realidad. Igual, dejamos una buena propina, aunque no todos estuvimos de acuerdo. Fue en honor al lugar y al sueño realizado, no al servicio, gente. A pesar del cansancio, la noche porteña nos estaba esperando. Las rubias porteñas se hacen un poquillo de rogar. Las rubias y morenas brasileñas, siempre están listas para la acción, con la mejor de sus sonrisas. ¡Pero no tienen que falar tanto!
DIA 4.- Martes de naturaleza: El delta de río Tigre. Todo parece estar en fantástica la convivencia con el medio ambiente. Casas maravillosas en pequeñas islas, llenas de canales exclusivos para botes y lanchas. ¡Qué sana envidia! Es un paseo que se tiene que hacer. Toda una mañana de aire fresco y limpio, y embarcaciones, y garzas y casas a lo Tom Sawyer. Almuerzo en las Lomas de San Isidro. Barrio oligárquico de bellas y enormes residencias. Paso obligado por la Quinta Presidencial de Los Olivos, hoy habitada por Cristina Fernández viuda de Kirchner (que viaja en helicóptero hasta la Casa Rosada, donde labura). Lo que restó de la tarde, paseamos por las monumentales calles de Buenos Aires, elogiando el buen vestir y el culto al cuerpo de su gente, rindiéndonos a la belleza de su Congreso, admirando su arquitectura, coincidiendo plenamente con lo descrito por la consultada Wikipedia: “su perfil urbano es marcadamente ecléctico. Se mezclan, a causa de la inmigración, los estilos art decó, art nouveau, neogótico, y el francés borbónico. El rascacielos es otro elemento muy común del panorama urbano porteño. Fue elegida por la Unesco como Ciudad del Diseño, en 2005 y Capital Mundial del libro de 2011”. Parada y shopping obligatorio en las Galerías Pacífico. ¡Muy linda, me hizo recordar tanto San Francisco, CA! Nos gastamos la gratificación de diciembre antes de recibirla, pero vaya que valió la pena. De ahí, la peatonal Av. Florida, llena de galerías, comercio ambulatorio, policías, cambistas, mendigos, prostitutas, y demás personajes que hacen de una ciudad, una pequeña muestra de lo que es el mundo. Vimos el reloj y había que volar a ducharnos y cambiarnos con ropas más formales. Estar togados, como decía mi bisabuela, la Mama Julia. Nos esperaban a las 9:30 pm en el "Señor Tango". Dinner-Tango-Show por 400 pesos argentinos, persona. Nunca mejor invertidos. La cena fue estupenda, y el show musical inolvidable. Pasada la media noche, partimos felices al departamento, no sin antes dejarles una jugosa propina a los meseros, que nos trataron como reyes. No paraban de traernos vinos, cervezas, gaseosas y ofrecernos repetir el bije o los postres. Unos macanudos.
DÍA 5.- El miércoles partimos para Colonia de Sacramento, en Uruguay. Un tranquilo viaje de ida de tres horas en buque bus por el Río de la Plata. Nunca imaginé que fuera tan ancho y ajeno, usando el título de una novela de Ciro Alegría. El hablar es idéntico al argentino, salvo por contadas muletillas, como el “ta”, equivalente al “dale” porteño, al “Ok” gringo, o al “vale” español. Patrimonio Histórico de la Humanidad, con algo más de tres siglos de historia. Pueblecito muy bien conservado, empedrado y con una pausada vista al río que parece un mar. Por desgracia, nos tocó almorzar en “Lo de Renata”, el servicio fue terrible, y la comida nada especial. Los gnocchi que ordenaron algunos estuvieron incomibles. Lo mismo pasó con otro tipo de pasta. Yo fui por lo típico, un plato de parrilla de carnes combinadas. Argentinos, brasileños, ecuatorianos y peruanos coincidimos que peor, imposible. En fin, terminamos de llenar el buche con un rico chivito (sándwich de bife de lomo, tocino, jamón, tomate, lechuga y queso) y endulzamos el paladar donde Il Piú, heladería artesanal con rubilindas pero algo flojas despachadoras. Nos dio tiempo para recorrer sus calles a paso quedo, y comprar artesanía local. Los 4 gatos de madera sentados desordenadamente en una banquita, me recordarán siempre mi paso por el Uruguay, tierra de mi buen amigo Rodolfo Ramó. Llegamos a Bs As casi a las diez de la noche. Cenamos algo rápido (unos ravioles rellenos de ricota, con salchicha polaca y salsa Pomodoro preparados a cuatro manos con Alena, fue lo mejor hasta entonces). Unos helados Freddo fueron el postre ideal.
IMG_2321DIA 6.- Jueves 25, cumplía 36 años, y el amor me arropaba con dulzura. El rostro sonriente de Alena fue lo primero que vi al despertar,  luego vendrían los saludos a través de correos electrónicos y mensajes en el FB de la familia, de los amigos, de los colegas del trabajo, de los ex compañeros de estudio, y más. ¡Estaba feliz, en la ciudad que completaba un sueño! (desde joven, me propuse como adulto, pasar unos días en Manhattan y Buenos Aires, y al fin lo había logrado). A los pocos minutos, mi buen amigo Sid Ahmed me llamaba para invitarme a almorzar en San Telmo, donde el Burmana (http://www.burmana.com/), lo mejor de la comida armenia y árabe de la ciudad. Los dueños, dos hermanos sirios, nos esperaban a la 1:30 pm en la mejor de sus mesas. Aprovechamos el tiempo para desayunar en Puerto Madero y luego visitar algunos museos de la llamada “Milla de Museos” y la Facultad de Derecho de la UBA. Llegada la hora del almuerzo, empezó el festín. Fue uno de los mejores almuerzos de mi vida. Sid intercambió opiniones en árabe y los platos empezaron a llegar y llegar, empezando por las picadas orientales  (hammus, magdus, imam baielde, djadjig de pepino, eutche-djadjig, etc) y continuando con los platos principales (pilav a la persa especial, pirun boerek, Shakshouka, karni yarik), marinados con un buen vino mendocino, finalizando con los postres (atayef-ashta, knaafeh bi-ashta, baclava, kadaif especial, shabiet, barrazi) y te verde con menta. Todos merecemos un amigo como Sid, un lujo. Nos despedimos al mejor estilo del Sahara, y partimos con dirección al Museo de Bellas Artes, a admirar el arte universal y lugareño. Hicimos siesta de una hora, y salimos para Corrientes, a comprar dulces Arcor para la familia. Se hizo hora, e ingresamos al Teatro Metropolitan, no sin antes brindar con un fernet con coca cola de cortesía. Para cagarse de risa, y por ratos, reflexionar. Unos virtuosos de la actuación Alcón y Francella. Un teatro abarrotado, aunque se notaba la ausencia de gente joven. A ambos los vi en la tele y en el cine. Verlos frente a frente, desde la sexta fila, fue un regalo impensado y muy agradecido. Broche de oro para una corta pero muy agradecida estadía. Me enamoré de vos, mi Buenos Aires querida. No era para menos.  
DÍA 7.- Desayuno en el Aeropuerto de Ezeiza, compra de último minuto en el Duty Free con los últimos pesos argentinos que nos quedaban, y vuelo de retorno a Lima vía Lan. La familia nos espera en Lima, y hay que prepararnos para el cumpleaños de mi hijo, André. Cumple 7 años, y es el mayor regalo que nos ha dado la vida… hasta ahora.

jueves 7 de octubre de 2010

Un acto de Justicia

 

225699 Cansado de tanta nominación fallida, Borges sentenció -con no poca ironía- que «esos muchachos del Nobel son estupendos: todos los años descubren a un escritor que nadie ha leído». Y sí, sin ánimo de desmerecer la obra de nadie, son muchos los escritores desconocidos que incluso, luego de recibir el Nobel de literatura, han permanecido desapercibidos para los más de los mortales. Así nomás, sin pena ni gloria. Sin embargo, el otorgamiento de hoy, jueves 7 de octubre, del premio Nobel de literatura al peruano Mario Vargas Llosa ha sido un acto de justicia, como bien dice su amigo, el pintor Fernando De Szyszlo Valdelomar, en el más noble de sus sentidos. Yo mismo, hasta el año pasado, iluso, creí que le darían el Nobel. Pero como no fue así, di por hecho que los de la Academia Sueca harían a pie juntillas, lo que Borges sentenciara. Nunca estuve más feliz de equivocarme.

 

Gustave_Flaubert Y es justa y merecidísima porque Mario Vargas Llosa, a través de toda su obra, independientemente del mensaje comprometido, heredado de Sartre, nos ha demostrado que no se precisa de un gran talento innato para parir obras maestras. Que, como su émulo, Gustave Flaubert, a punta de esfuerzo y dedicación, de mejoramiento de la técnica, de la búsqueda de la palabra precisa (Le seul mot juste) se puede sustituir el genio del que gozaron sus grandes maestros, como Victor Hugo o Tolstoi. Que escribir es un oficio, más que una afición temporal. Que cualquiera puede ser escritor, si se la cree, y vive como tal: escribiendo, escribiendo y escribiendo. Y han debido de pasar 20 años, para que el cotizado premio volviera a Latinoamérica (en 1990 se lo dieron al Poeta, el gran Octavio Paz), reconociendo la universalidad del idioma español, y de sus pensadores. No voy a negar que la deuda es grande, que muchos otros escritores lo han merecido –mucho más que tantos olvidados galardonados-, por lo que, en un ejemplo de  humildad que lo enaltece, MVLL ha dedicado su premio a la lengua que desarrolla con maestría, más que a sí mismo.

 

Mario_Vargas_Llosa_1985 De mañana y en la oficina, discutía con un muy inteligente amigo mío, Javier Bisso López de Romaña -arequipeño como MVLL- sobre la valía del laureado y el merecimiento del premio. Me aceptaba sus calidades literarias, pero renegaba del hecho de haber dejado el país y calumniarlo desde el exilio, perjudicando su imagen internacional. No es el único. Si escuchamos los comentarios de mucha gente, en Lima y provincias, muchos renegarán de él, por haber acogido la nacionalidad española y pretender negar su peruanidad. ¡Qué buen trabajo el del Fujimorato! Por diez años, mintieron a medio mundo, y satanizaron a los enemigos del régimen sátrapa. De agnóstico y laico, pasó a ser un emisario del diablo, negador de la virgen y enemigo de la iglesia. De enemigo del régimen dictatorial, pasó a ser un enemigo del pueblo peruano, de su gente indígena e ignorante que no lo eligió como su presidente. De ciudadano peruano, pasó a convertirse en español engreído cazador de sudacas. De librepensador, pasó a ser un abanderado del aborto, del consumo de drogas y el capitalismo más bárbaro. Seguro estoy, que en su lugar, luego del golpe de Estado de 1992, más de uno habría hecho lo mismo. ¿Alguien conoce la  historia de los cubanos Guillermo Cabrera Infante o Arnaldo Arenas? ¿Saben que es un paria, un apátrida? Así tenía amenazado el régimen a MVLL, con quitarle la nacionalidad, por ende, el pasaporte, la ciudadanía, sus derechos,  imposibilitándolo de ir de un país a otro, negándole una identidad nacional. España, conocedora de dictaduras (Franco la tuvo subyugada por 4 décadas), fue en su apoyo, y le concedió la nacionalidad española, para protegerlo de tamaña arbitrariedad violatoria de los Derechos Humanos.

 

mario_vargas_llosa_0039 Su crítica, visceral y racional a la vez, furiosa, siempre fue en defensa de la democracia, de la institucionalidad, pero no de un pueblo en particular, sino del orbe, como ciudadano del mundo que es. Nunca del Perú, su país, que tanto ama, y al que conocen en el mundo, precisamente, por su cuantiosa obra. Criticó cuando debió al régimen autoritario, y si alguna vez insinuó un bloqueo económico, fue para forzar al régimen volver a la institucionalidad. El pez en el agua, es una crónica vívida de ese tiempo, además de una confesión madura y honesta de sus primeros años. Yo sé que es muy difícil que la gente cambie una idea tan aferrada, gracias al aparato fuji-montesinista que gobernó por tanto tiempo. Espero que este premio, que hoy pone en vitrina del mundo al Perú, ayude. Espero que se los desdemonice y se le empiece a leer más. Como fuere, muchas gracias, querido Mario. Hoy jueves, ha sido uno de esos días, memorables, que quieres recordar siempre. No me equivoqué cuando empecé a coleccionar, hace unos 15 años atrás, toda tu obra. Leerte ha sido un placer inmenso y un ejercicio educativo. Y el conocerte, un raro privilegio.     

martes 3 de agosto de 2010

El talento

talento Si hay algo que escasea en este mundo, es el talento. Palabrita que sin embargo, se escucha por doquier, y más que nada, en el mundo de la gestión del capital humano y las Competencias. Pero, ¿qué es el talento? Para don José Ingenieros, el talento es el hombre que practica formas de actividad, general o frecuentemente practicadas por otros, mejor que la mayoría de los que cultivan esas mismas aptitudes (En El Hombre Mediocre). Particularmente, me gusta más la definición que dice que el talento es una manifestación de la inteligencia emocional y es una aptitud o conjunto de aptitudes o destrezas sobresalientes respecto de un grupo para realizar una tarea determinada en forma exitosa. Entonces, el talento es absolutamente exclusivo y excluyente, además de escaso, de ahí su gran valía –respetando esa vieja ley del mercado-.

1 Y por lo mismo que escaso, pienso que es más fácil reconocerlo, porque distingue, y cual barniz de los Dioses, hace brillar, y por lo tanto, ennoblece. Y este es sin duda el caso de Lysee J. (Elysia Johnson), una joven soñadora californiana, nacida un 24 de febrero de 1989, que un buen día decidió abandonar sus estudios universitarios para dedicarse de lleno a su pasión: la música. Poseedora de una dulce voz (la pueden escuchar en su portal oficial: http://www.myspace.com/lyseej#ixzz0vVpFYS3u), compone sus propias canciones, genera sus propias oportunidades y avanza, paso a paso, hacia su estrellato. Y vaya que la tiene clara. Cuando le preguntaron cómo definía el éxito, muy segura de sí, respondió: «I love Wayne Dyer’s definition of success--he says that success is the progressive realization of a worthwhile goal. I would add that success is being true to who you are, finding your passion in life and going for it with everything you’ve got».

2 Queda claro que la música, es una de las artes que menos tolera la mediocridad. O se es muy bueno, o no se es. Y es que sólo los muy buenos, son los que prevalecen. Con lo rápido que se dan los cambios, hoy en día, las modas pasan a ser más pasajeras, más efímeras, más olvidables. Por otro lado, no podemos negar que es una lucrativa industria, que despelleja a los hambrientos de fama, que son gaviotas de un verano. Creo que no será su caso, si practica lo que profesa: «I want to be able to write music that will evoke experiences in a person. I want to make people dance, smile, think, and feel». Y es lo menos que pedimos de una buena música, transportarnos en el espacio, y bailar, y sonreír, y pensar y evocar y sentir. Me dijeron siempre que un buen cantante, es aquel te que hace creerte lo que está cantando. Que te pone la piel de gallina, y que a veces, no pocas, te hace llorar. Tienes todo el talento para lograr eso y más, porque eres auténtica, y porque al cantar, cuentas y por ratos, no pocos, encantas, como las más nobles musas. Toda la suerte del mundo, y que ese Dios que tanto amas, siempre guíe tus pasos.

lunes 31 de mayo de 2010

Mon petit jardin

normal_30113885-_70_ El título, además de ser un óleo sobre lienzo del poco recordado pintor catalán, Laureano Barrau Buñol (Barcelona, 1864 – Ibiza, 1950), es también la forma más musical que he encontrado para referirme al pequeño jardín que hemos construido, mi familia y yo, en la terraza de casa. Y digo musical, porque si algo debe de ser un jardín, además de vital –y ojalá vitalicio-, es armónico y encantador, como la música. De acuerdo, hay jardines de todos los gustos y colores, pero los que me gustan a mí, han de tener, cuanto menos, estas tres características tan sine qua non. Al principio, el oficio jardineril es un tanto ingrato, y hasta desmoralizante y costoso, tanto en tiempo como en dinero, sepa usted. Larga y paciente es la espera, hasta que un buen día, los marchitos tallos, los tímidos botones en flor y las cabizbajas hojas empiezan a mirar al sol, y renueven ese garbo que nos  hizo elegirlas y comprarlas, allá, cuando en el vivero. Nosotros empezamos con unas cinco o seis macetas de arcilla. Hoy, es algo pesado contarlas todas. Es mejor ir regándolas, podándolas, abonándolas, desparasitándolas, contemplándolas y así.

plagas-jardin Antes de que se me acuse de aburguesado, injustamente, he de recordarles lo que he venido diciendo siempre de mí mismo: que soy un simple mortal, que trabaja ocho horas al día para una corporación y que vive en un barrio residencial de clase media, a unos 400 metros del mar, en un departamento con vista a la calle, de un último sexto piso. El espacio no sobra, tampoco el circulante, pero sí esa vocación renacentista de quererle encontrar belleza a casi todo. Y por otro lado, siempre es gratificante descubrir el nombre de una nueva planta, y verla crecer dentro de esos escasos metros cuadrados que se llaman, hogar. Pero es más gratificante aún si le puedes agregar una fuente de agua, adonde vengan a beber las aves y en cuya base-poza, jueguen una docena de pequeños y medianos peces carpa. Y por allí, ver deambular a una curiosa tortuga motelo, que rescatara de un traficante inescrupuloso del Mercado Central. Con pena, recuerdo que también intenté dar posada a un par de ranas, pero la brutalidad de Katrina, la doméstica, hizo que terminaran en el basurero. Recién me entere a los dos días, por André, a quien ella había chantajeado con unos chocolates para que no me contara nada.

normal_tulipanes%20en%20maceta%20bis No es necesario contar con un gran espacio, tampoco hacer una gran inversión, para llevar a nuestros sendos hogares un ser con vida. Pues sí, las plantas son seres vivos, aunque no seamos muy conscientes de ello. Y al igual que cualquier otro ser humano, crece y se embellece cuando recibe cuidados y amor. Pero que, se seca y muere pronto, si se la olvida en una esquina. También son una muy buena compañía, que el viento mueve, esparce y desordena. Son una invitación a ese viaje interior que tanto nos hace falta. Cultivar una planta, o un jardín, son un ejercicio de paciencia, tolerancia, respeto, afecto, incluso sacrificio, en su etimología más pura (hacer de algo, sagrado: sacrum factum). Los orientales lo tenía muy claro, por ello, en su lírica, abundan las referencias a los jardines. Y no recuerdo palacio, que haya prescindido de ellos. Y como nuestras casas son nuestros palacios, adonde vamos a descansar luego de un extenuante día de trabajo, no pueden ser la excepción de tan agradecida regla. Enhorabuena.      

jueves 15 de abril de 2010

Alfredo Bryce Echenique: “El plagio es un homenaje”

 

130171 En literatura, si es que existe una certeza, es la que reza que todo novelista es un gran mentiroso. Porque las novelas mienten, sino, no son novelas. Y así lo afirma Mario Vargas Llosa en La Verdad de las Mentiras: «En efecto, las novelas mienten –no pueden hacer otra cosa- pero ésa es sólo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es». Por lo que, si Alfredo Bryce Echenique es novelista, entonces, es –tautológicamente hablando- un mentiroso. Al menos esta es la lógica proposicional que han utilizado casi la totalidad de los periodistas peruanos y más de un ciudadano de a pie, tan anónimo y sin importancia colectiva como los descritos por Louis-Ferdinand Céline. Porque al pobre se lo viene acusando de haber plagiado a varios escritores (al ensayista Herbert Morote, al diplomático Oswaldo de Rivero y a los periodistas españoles del diario La Vanguardia), desde hace cuatro años, con resoluciones condenatorias y cuantiosas multas incluidas (ha acumulado en total 32 acusaciones por plagio, y fue exhortado por el INDECOPI a pagar la suma dineraria de S/. 177,500.00 nuevos soles de multa por un total de 16 textos plagiados).

plagio_170407 En su defensa -como es lo propio-, se ha expresado hace muy poco, en el diario Peru21, así: «Mira, viejo, si quieren que me disculpe por algo que no hice, me disculparé; pero yo no siento haber plagiado a nadie. Esto algún día se aclarará. Acá ha habido un montaje siniestro». Y no sin razón, agrega en la misma entrevista: «El plagio, como decía Borges, es incluso un homenaje. Borges le plagió a medio mundo. Yo no siento haber plagiado a nadie». Pero no le han creído… Y basados en su “lógica proposicional”, le han dado como a entenado, enorgulleciéndose de encontrarle más y más plagios, en una actitud bien subalterna, publicando sus “descubrimientos” en diversos medios. Allí están ellos, felices de su desgracia –la de Alfredo, se entiende-, regocijándose ante la posibilidad de verlo tan sombrío y patético como ellos mismos. Ayer, era el escritor más querido del país (Sic), y así lo publicaban en sus columnas. Pero hoy, y desde hace cuatro años, es el escritor más calumniado que yo recuerde. Y aunque me gane el desprecio de algún periodista amigo, que ayer escribió en su contra, he de decir, en alto, que yo sí le creo. Y no por los libros que me autografió, ni por las palabras de aliento –allá en la Feria del Libro de 1997- que alguna vez me diera. No, no es por eso, aunque mucho aprecio el memorable gesto. Es por un acto de fe –al final, creer es un acto de fe-. Y por el simple hecho de que nada nuevo vamos a contar los que –mal, que bien- escribimos, porque siempre hablamos de lo mismo, de lo humano, y sobre nosotros, como especie, ya se ha dicho todo. Y por las varias razones, que otros escritores, años atrás, esgrimieran, con tan buena leche… Ahí algunas:

- Alfredo de Musset: «Nada pertenece a nadie, todo pertenece a todos; y es preciso ser ignorante como un maestro de escuela para forjarse la ilusión de que decimos una sola palabra que nadie haya dicho antes. Hasta el plantar coles es imitar a alguien».

- Soren Aabye Kierkegaard: «Un admirador que siente que no puede ser feliz rindiéndose al objeto de su admiración elige convertirse en envidioso de lo que admira. Entonces, comienza a hablar otro idioma: el objeto de su admiración es calificado de estúpido, insípido y extraño. La admiración es feliz entrega; la envidia es autoafirmación desdichada».

- Ezra Pound: «La técnica es la prueba de la sinceridad del artista».

- Luis Guillermo Hernández Camarero: «Creo en el plagio y por el plagio creo».

- Samuel Johnson: «A nadie le gusta deber nada a sus contemporáneos».

- James Joyce: «Es peligroso dejar el país de uno, pero es más peligroso volver a él, porque entonces tus compatriotas, si pueden, te clavarán un cuchillo en el corazón».

- Michael P. Lynch: «Los seres humanos mentimos con la misma naturalidad con que respiramos. Mentimos para ocultar nuestras inseguridades, para hacer que otros se sientan mejor, para sentirnos mejor nosotros mismos, para que nos quiera la gente, para proteger a los niños, para librarnos del peligro, para encubrir nuestras fechorías o por pura diversión. La mentira es el auténtico universal: se practica con destreza en el mundo entero».

- Herman Melville: «¿Alguien ha confesado alguna vez sentir envidia? Algo hay en ella que universalmente se considera más vergonzoso que el peor de los delitos. Y no sólo todo el mundo la niega, sino que la mayoría tiende a la incredulidad cuando se la imputa en serio a un hombre inteligente. Pero dado que la envidia se aloja en el corazón, y no en el cerebro, no hay grado de intelecto que ofrezca una garantía contra ella».

- Michel Eyquem de Montaigne: «Porque, como dice Cicerón, aun aquellos que desprecian la fama quieren que los libros que escriben contra ella lleven su nombre bajo el título y esperan acceder a la fama despreciándola. Todo lo demás es negociable; podemos ceder nuestros bienes e incluso nuestra vida a nuestros amigos; pero es muy difícil que alguien acceda a compartir su fama o ceder a alguien su reputación».

- Walter Rode: «La confesión es la reverencia del acusado ante la justicia. El acusado que niega el delito, va a un duelo; el que lo confiesa, va al matadero».

domingo 4 de abril de 2010

Don´t push too hard

Everybodys-Fine-b «Nunca es tarde» es un lugar común que, como letanía, escuchamos una y otra vez, para volverla a escuchar de nuevo, y así, hasta el hartazgo. Aún a mis treinta y pocos años, no sé qué tan cierta sea. Y lo digo por el Frank, que quizá un día sea. Por el Frank que quizá fue mi papá. Por el Frank que puede ser mi amigo, y mi amiga, y tú, si te toca ser padre. Por el Frank, tan bien interpretado por Robert de Niro, en el filme de Kirk Jones: Everybody’s fine (Están todos bien), remake de Stano tutti bene, de Giuseppe Tornatore, estelarizada en 1990 por el gran Marcelo Mastroiani. La película fue estrenada a fines de 2009 bajo el sello Disney, pero que recién pude ver antier, en semana santa. Ese Frank, viudo, jubilado, padre de 4 hijos que crio con tanto ahínco junto a su esposa hoy muerta; que estimuló todo el tiempo para que fueran mejores que él; que le hicieron olvidar un malhadado día sus propios sueños para proyectarlos en cada uno de ellos –craso error-, aunque siempre hay un favorito, al que se le apuestan todas las fichas. A los cuatro se les dijo que lo más importante era ser felices, luchar por los sueños, alcanzar la excelencia, ser el mejor. Y bla, bla, bla. Porque para eso se nos programa desde chicos. ¿Pero hasta dónde hay que empujar? ¿Alguien me podría dar el justo medio?

SUEOS_~1 Teleológicos hasta en eso, nos batimos a muerte para alcanzar ese prometido Olimpo de laureles, oropeles, placeres, éxtasis, honores y demás. Pero las cosas ni son tan buenas ni son tan malas, sepa usted. Y cuando lo alcanzamos, como el agua entre las manos, se desvanece al contacto, porque ya no lo queremos. No, no fue lo que imaginamos con tanta ilusión, y sufrimos. Y frustrados, queremos más, para superar el desengaño, y vamos reduciendo el alma, como la piel de zapa de Balzac. Y nos vamos desconociendo del retrato que somos, cual Dorian Gray, de Wilde. Y Dios perdona, pero Cronos, no. Y volteamos la cabeza, como la esposa de Lot, y ante la terrible imagen de Sodoma en llamas, nos convertimos en pilar de estéril sal (Gen., XIX, 24-26). Porque no son pocas las víctimas de nuestro avance. Estuvimos tan ocupados en alcanzar la cima –léase sueños-, que pisoteamos, herimos, traicionamos, sacrificamos a tanta gente buena que un día sólo quiso vivir su tiempo con el nuestro. O que se enamoró, pero al no estar a nuestra altura, despreciamos. O que se interesó, pero al no ser interesante, menospreciamos. O que se involucró, pero al no ser prohibido, desairamos.

teseo_minotauro ¿Vale la pena sacrificar lo tangible por lo efímero? Seguro que no, pero lo seguiremos haciendo, porque a eso estamos condenados, como hijos de Prometeo. A no ver lo que tenemos al lado, y desear siempre lo que crece en el jardín de las Brujas de Cachiche, y quererlo más cada día, hasta el día en que decidamos sacrificarlo todo, para perderlo todo, por ese fruto envenenado y prohibido. Y perdernos también. Y vernos al espejo y no reconocernos ni ser reconocidos por quienes llamamos “nuestros”. Yo sé, visto así, la vida puede parecer un terrible laberinto que nos llevará indefectiblemente a la muerte (física o espiritual) a manos del sanguinario Minotauro. Pero para ser laberinto, precisa de una salida, ya sea por arriba, como decía Borges.

IMG Sólo a mí me pasan estas cosas… empezar comentando un filme de fin de año y terminar con Asterión el Minotauro. Y todo para concluir que no hay que fiarse mucho de esa “felicidad” que -nos cuentan-, llega una vez que hayamos alcanzado la cima del éxito, pisoteando no sé a cuantos desdichados. No va por ahí. Más bien, va por el  hecho de conocerse a sí mismos, y sólo así, aceptarse. De entender que las respuestas están adentro de uno mismo, no afuera. De que toda acción nuestra, tendrá una reacción en alguien más, y que si no somos cuidadosos, podemos destrozarle la vida, perjudicándonos el kharma y así, la vida presente y futura. Al menos, yo así me fui construyendo (en la foto tengo 5 años, y ya construía sueños), y hoy puedo afirmar como Facundo Cabral, que cada día tengo un poco menos, para tenerme un poco más. Canalicé mis sueños en la fantasía, en el arte de contar a través de la escritura. En esos viajes maravillosos a través de la literatura, y otras formas del arte. Es gratis, y no daña a nadie. Pero sí nutre, y mucho.