viernes, 16 de enero de 2015

Los hombres de mi vida–Les hommes de ma vie

 

los-duetos-entre-alejandro-y-6-1_323x216He de advertir al lector que esta no es una salida del clóset, o lo que es lo mismo, una manifestación expresa de homosexualidad. Si bien, a mi provecta edad, puedo permitirme ciertas licencias, el desear a otro hombre no ha sido ni será una de ellas. Y no porque lo vea mal –creo en la diversidad-; es que, desde que abrí los ojos, mi corazón ha sido de ellas, para ellas y por ellas. No obstante, hay figuras masculinas a lo largo de nuestras vidas –vida de hombres- que llegan para amarte, ser amados, y dejarse amar.

padre e hijoEl primero, mi padre. Riguroso y lejano. Burlón y gritón. Entregado y culto. Preocupado y cumplidor. No recuerdo que me haya dicho, alguna vez, «te quiero mucho». Pero en cada acto, sí, en cada acto, lo manifestaba en silencio. Nunca faltó nada en casa. Nacer en el Perú de los 70 no fue fácil para muchos. Yo lo hice en una casa de dos pisos y dos jardines, de unos 300 metros cuadrados. Auto nuevo, teléfono, empleada del hogar, perro, gato, viajes al interior, una gran biblioteca y cosas así. Esa fue siempre su expresión de afecto. Y su herencia, un apellido del que nos sintiéramos orgullosos toda la vida. Jamás nunca llegó nadie a cobrar una deuda impaga, a reclamar una estafa, a cuestionar su honor. Nunca. Y hoy que soy padre, puedo finalmente traducir su lenguaje y entender que día a día, levantándome temprano para ir a la universidad, trabajando y ahorrando para pagar mis estudios en una Universidad privada, recordando la talla de mis zapatillas y canzoncillos cuando perdían su color, cerrando la puerta de mi cuarto luego de verme vencido por una borrachera, me decía lo mucho que me amaba. Por eso, y por tantas acciones más que forjaron mi personalidad y moldearon mi carácter, es uno de los hombres de mi vida.

228385_1034486988285_4193_nY hoy, 16 de enero, también quiero mencionar a otro. Cumple 41 años, y quiero dedicarle algo mínimamente bello. Se llama Félix (del latín feliz), y su nombre marcó su destino, porque siempre lo he visto rodeado de ella, feliz. Nos conocimos en el segundo año de la Facultad, allá por marzo de 1993 –van a ser veintidós años ya-. Es el católico practicante más honesto que conozco. Es uno de los hijos más devotos que conozco. Es uno de los maridos más considerados que conozco. Es uno de los padres más padres que conozco. Y claro, es el amigo más hermano que conozco. Aprendimos poesía con Joaquín Sabina entre Johnnie Walkers, hielos, cigarros y sánguches de esquina. Amamos platónicamente a la más guapa de la clase, y a su vecina. Fantaseamos con Buenos Aires, Manhattan y Madrid, que un buen día, juramos, visitaríamos. Cantamos, desvelados, a Serrat, Cerati, Eretxun, Milanés, Bosé, Sanz, Fito, Calamaro y compañía. Caminamos, desorientados, por Lima Centro, Surquillo, Magdalena, La Molina, La Victoria y lejanías. Brindamos, pletóricos de gozo, por su boda, mi boda, la de Abelito, Fer, Guillermo, Manolo y algún otro que ya no nombraría. Hubo vida, mucha (ya todos somos padres), como también muerte: mi padre, la mamá de Abel, luego su padre, y así. ¡Te debo tantas historias felices! Felizmente, algunas noches, cruzamos el feo tránsito de Lima y nos encontramos en el Sarcletti de San Borja. Hemos cambiado el ron y la tequila por expressos, lattes, mokas y americanos. El pisco y el vodka por agua mineral con gas y Coca Colas cero. El cigarro y la nostalgia por sánguches de lomo, Club sandwich y crepas de pollo. El campeonato de tetas y nalgas por historias de pañales, biberones, vacaciones familiares y cursos de verano. El tiempo trajo años, y también la certeza de amar a otro hombre, y no morir en el intento. Feliz cumpleaños, querido amigo. La celebración es por ti, y también por mí.   

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