viernes, 24 de octubre de 2014

De la corrupción en el Perú


Rata_Alan_GarciaSiendo abrumadora, y seguramente inasible para el común de los mortales, la cantidad de temas que involucran el tema Humano –y vaya que el adjetivo de origen latino merece mayúscula-, es más complicado aún que alguien tenga el conocimiento teórico y empírico de un tema en particular, sobre todo de esos que lo abarcan casi todo. Una evidente excepción, que pone a prueba la regla, es la corrupción. Todos, en mayor o menor medida, tenemos una experiencia vivencial y una fundamentada opinión de lo que comprende. Para el DRAE, en su cuarta acepción, es, en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Para Alfonso Quiroz, un fenómeno insidioso, amplio, variado y global que comprende actividades tanto públicas como privadas. No se trata únicamente del tosco saqueo del patrimonio del Estado. La corrupción comprende el ofrecimiento y la recepción de sobornos; la malversación y mala asignación de fondos y gastos públicos; los escándalos financieros y políticos; el fraude electoral, el tráfico de influencias y otras trasgresiones administrativas como el financiamiento ilegal de partidos políticos en busca de favores indebidos.

Historia-de-la-corrupcion-en-el-PerujpgCuando estudiante de Derecho, me tocó estudiarla desde el punto de vista legal penal, principalmente en su forma de cohecho. En los últimos años, no han sido pocas las veces que me he topado con ella (no hace mucho, fui Sub Gerente de la División de Ventas al Estado de una empresa comercializadora de maquinaria). Años atrás, en el curso de Historia del Perú, primero en los libros de texto escolares de Pablo Macera, y luego, en la Historia de la República de Jorge Basadre. Aunque más decisivas, fueron las obras de don Manuel Gonzales Prada. Pasados los años, y con ellas mi breve juventud, fueron llegando otros títulos, hasta que apareció en nuestras librerías la obra definitiva: Historia de la corrupción en el Perú, de Alfonso W. Quiroz, publicada por el Instituto de Estudios Peruano. Su lectura es obligatoria, y espero que alguna universidad la dicte como curso independiente en su malla curricular. Quiroz estudia la corrupción desde la etapa fundacional del Perú como nación Estado. Es decir, desde que los virreyes, allá en la lejana España, compraban el puesto y viajaban a la colonia a recuperar la inversión, acompañados de toda una corte. Ni bien desembarcados en el Puerto de Paita (Piura fue la primera ciudad fundada en el Perú), recorrían ciudad tras ciudad camino a Lima, recibiendo toda clase de atenciones de parte de sus principales, que luego les reclamarían una vez instalado el nuevo virrey en el poder.

guanoEn la Introducción, señala que «el Perú es un caso clásico de un país profundamente afectado por una corrupción administrativa, política y sistémica, tanto en su pasado lejano como en el más reciente. No obstante sus efectos recurrentes y cíclicos, es sorprendente lo poco que sabemos acerca de las causas específicas de la corrupción y sus costos económicos e institucionales en el largo plazo. Este vacío se debe, en parte, a imperativos nacionalistas e idealistas entre los historiadores y científicos sociales, quienes han minimizado o restado importancia al papel de la corrupción en la historia nacional. Los expertos internacionales también han contribuido a una perspectiva histórica inadecuada, ya sea por ceder ante las sensibilidades nacionales o por haber adoptado perspectivas condescendientes para con la corrupción. Por otro lado, un excesivo pesimismo histórico obvia las importantes batallas que se libraron contra la corrupción en el pasado, limitando, así, las posibilidades para la contención de la venalidad administrativa, la reversión de la corrupción sistémica y la reestructuración del Estado moderno».

CORRUPCION PERULa Historia de la corrupción en el Perú es un libro fascinante, además de impostergable, que se puede leer de a pocos, superando la capacidad de sorpresa a cada párrafo, o de corrido, como los clásicos. Yo he querido hacerlo de a pocos, contrastando las fuentes y burlándome de mis viejos libros de Historia, donde ensalzan a presuntos padres de la patria, próceres, héroes nacionales, que tras la vigorosa evidencia de las pruebas, no son más que viles pilluelos, cacos, comemierdas. Prisioneros de sus bajas pasiones, de intereses subalternos, de ambiciones desmedidas. Hay una frase lapidaria de Jonathan Swift que dice: «Si quieres saber lo que Dios piensa del dinero, debes mirar al tipo de gente a la que se lo da». Qué te puedo decir…
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