jueves, 8 de mayo de 2014

Pedro Salinas, y el valor de su verdad

 

pedro-salinas1Si tuviera que elegir la imagen más memorable de Pedro Salinas, sin duda, sería la del periodista televisivo -Canal 13, fines de los noventa- con tirantes de diversos colores (creo Tommy Hilfiger), que muchos afirman, adoptó para emular a ese otro periodista televisivo, Larry King de CNN. Él lo niega, y se justifica en la comodidad versus la correa y su otrora sobrepeso, que ya no lo es. Ciertamente, no me estoy refiriendo al poeta Pedro Salinas Serrano –a ti te digo, vicioso de la Wikipedia-, que murió el mismo año que se retransmitió públicamente la televisión a color (1951), sino a Pedro Eduardo Salinas Chacaltana, paisano nuestro que va por los cincuenta, aunque aparente menos. Prolífico escritor, cuenta con los títulos Estamos jodidos, Alanadas, Humaladas, Rajes del Oficio 1 y 2, Mateo Diez, Álbum de Fotos, y su reciente Al Diablo con Dios. Así mismo, es columnista en un par de diarios, blogger habitual (lavozatidebida.lamula.pe), director de una agencia de Relaciones Públicas (CHISAC), padre de familia y bon vivant. Y claro, amigo de sus amigos.

portada diario16 22.8.11Existe otro detalle sobre sus preferencias que conviene resaltar: tiene como sus musas a las actrices Mélanie Laurent, Evangeline Lilly y Cobie Smulders. No se puede estar más de acuerdo en ello. Y sin embargo, a tan simpático personaje, se le ha construido una Leyenda Negra, como diría Julián Juderías, infundada per definitionen. Su pecado capital fue, luego de casi siete años, renegar y abandonar las filas del Sodalitium Christianae Vítae, al que se había unido como laico consagrado (voto de castidad incluido) en su juventud. Pero como Dios perdona el pecado pero no el escándalo, la publicación de Mateo Diez –su heterónimo-, donde desnuda pasajes tremebundos sobre la vida privada de esta sociedad de vida apostólica, le valió todos denuestos habidos y por haber. Y la verdad sea dicha, no era más que su personalísimo Vade retro, Satana, o sea, su propio exorcismo para vivir, de una puñetera vez, en paz. Y lo sé porque lo conozco y me lo ha contado. Y porque está pronto a publicar, con la periodista de investigación Paola Ugaz, la Historia no contada del Sodalicio, y en ella, la vida poco santa de sus padres fundadores, Luis Fernando Figari Rodrigo y Germán Doig Klinge. Aunque la investigación no se limite a ellos. Esperemos que con ella, se termine con esta leyenda, que de negra, solo tiene la tinta con que escribe.

IMGLa frase Veritas liberabit vos, del Evangelio según Juan, afirma que la verdad nos hará libres. Llegar a ella no es fácil, menos aceptarla. Entiendo la indignación de algunos miembros del Sodalicio, católicos practicantes, al sentirse atacados por las revelaciones de Pedro Salinas. Definitivamente, hay gente de bien, digna, que la compone y la refuerza. Pero el intríngulis de Pedro no es la venganza o el mercantilismo de vender morbo. Es la justicia. Hay que leer Mateo Diez para entenderlo. Y hay que entender al hombre de prensa, consorte de la búsqueda de la verdad, que fue buscado por diversas víctimas de violación sexual, seducción, maltrato físico y psicológico, necesitadas de una voz con eco, que hiciera pública sus denuncias. ¿Qué esperaban de él? ¿Que callara, como se acostumbra, en la pacata Lima? Él también fue tentado, casi lúdicamente, en una clase de yoga. Claro, en ese entonces no sabía que la mente, para protegerse, modifica la memoria. Y cuando falta información, la completa, indolente a la realidad histórica. Pero al escuchar, uno tras otro, los testimonios de ex sodálites, como él, cual puzzle, las piezas empezaron a ubicarse, y todo empezaba a tener un nuevo sentido. Esa fobia incomprendida, ese temor sin origen, ese asco recurrente, tenían un por qué. Como anticipándose al futuro, en la sinopsis de Mateo Diez, se lee en la contratapa: «Entrega, fanatismo, indecisión, celibato, sexo, amor, perversión, drama y humor se entrelazan en esta primera novela del periodista Pedro Salinas, quien teje el contrapunto de un espíritu enfrentado a sí mismo, convirtiendo a Mateo Diez en un fiel reflejo del hombre desorientado y sin respuestas de hoy, siempre dispuesto a pagar el precio necesario para obtener certezas inexistentes». Si algo hay que hacer con esta nueva publicación, ni bien salga, es correr a comprarla, y en el acto, leerla.

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