viernes, 7 de marzo de 2014

Her

 

herHay películas que te atrapan al instante. Otras que lo van haciendo de a pocos, como en silencio, como en bocados, como en alientos. Casi casi como los besos: unos son meros piquitos, promesas, adelantos, señuelos. Otros son franceses, apasionados, devoradores, certezas. Her, la película escrita y dirigida por Spike Jonze, es las dos cosas y ninguna a la vez. Y por ello, recibió merecidamente un Oscar al mejor guión. Me animé a verla varias semanas antes de la premiación confiado en la calidad de su reparto, Joaquin Phoenix, Scarlett Johannson, Amy Adams. Aunque comedia romántica, es lo más lejano a una relación romántica, y sin embargo, en las próximas décadas, podría ser lo más cercano a ella.

her-movie-photo-20Acostumbrados a cambios generacionales y de pensamiento decimonónicos, desde que los gringos llegaron a la Luna, inventaron el Internet, y luego las redes sociales, y luego los smartphones y luego la realidad virtual, las relaciones interpersonales del mundo globalizado no han sido las mismas. Claro, los viejos arcanos persisten, aunque ya no necesariamente los mismos protagonistas. El travieso Cupido ya no porta un arco y una flecha, ahora liga y enlaza a través de Facebook o WhatsApp (a la fecha, de un mismo propietario). Y la pereza, tan consustancial al ser humano, ha abonado el campo de cultivo. ¿Para qué salir de casa, pelearse con el tráfico, perder tanto tiempo buscando estacionamiento, arriesgarse a que te asalten, recargar la tarjeta de crédito y sentirse estafado luego de una cita a ciegas? ¿Para qué correr el riesgo de sentirse rechazado, despreciado, relegado por el sobrepeso, calvicie, mal aliento, mal gusto para combinar prendas, o la falta de originalidad y humor? ¿Para qué renunciar a mi libertad, a mi espacio, a mis manías y hábitos personalísimos? ¿Para qué sufrir, si sé que todo tiene un final, y que vivirlo desgarra y duele? ¿Para qué?

Her-Movie-siri-operating-system-ftrSamantha, en la voz de Scarlett Johannson, es un sistema operativo que por ósmosis, se adapta a lo mejor que podrías esperar de una compañera, claro está, en la prescindencia de los cuerpos. Un amor platónico, ya no ideal, sino virtual. Una voz tremendamente femenina y seguramente configurable, aunque tal vez los de mi generación habrían elegido la de Kelly Lebrock en el comercial noventero de la colonia Brut. Una voz como la de miles de hotlines, pero sin explotación sexual ni costo por minuto. Una voz sin ojos, que no juzgan, que no miran, que no delatan. Porque Theodor, el personaje principal, bien puede ser cualquiera de nosotros, que desganados o incapaces de mantener una relación persona-persona, toman el atajo del sistema operativo, hoy omnipresente, pero recargable y apagable con un clic. Porque tuyo es el control al alcance un pulgar. Onanismo puro. Quizás. Supervivencia. También.

 

Kelly Lebrock en el comercial de Brut
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