martes, 13 de agosto de 2013

Manifiesto a favor de las trabajadoras del hogar

 

esperanzaHoy por la mañana, mientras salía del ascensor del edificio, me crucé con la vecina del quinto piso, chilena, quien me atajó para preguntarme si conocía a alguien que pudiera estar interesado en el traspaso de su panadería, La Buena Miga, para irse a vivir a La Florida, con sus hijos. Dejaría el Perú luego de largos 15 años. No se me ocurrió nadie, pero aproveché para lisonjear esa gran virtud chilena: ser muy trabajadores. Y sí, me respondió. Los chilenos somos muy «chambeadores». Eso sí te digo, po, el chileno cuando es bueno, es muy bueno. Pero cuando es malo, es una mierda. ¡Cachay! Y concluyó indicando que en parte es porque ellos no tienen empleadas, sirvientas, ayudantas, chachas, maids, o como las quieran llamar. Pero si hasta han hecho una novela con una sirvienta peruana (Esperanza, el destino del amor) –le repliqué-. Sin duda, pero sólo los que tienen mucha plata.

chachaAquí no. En mi barro de infancia, todos –sin excepción- tenían una o dos empleadas en sus casas. La «chola», sustantivo o adjetivo, dependiendo de la situación. Mujeres bajitas, de no más de metro cincuenta, pelo corto, grueso negrísimo; tez cobriza, color humilde –a decir de un viejo amigo-. Nunca miraban a los ojos, siempre al piso. Nunca levantaban la voz, siempre tímidas. Nunca participaban de las reuniones familiares, siempre ocultas en su cuartito de servicio o en la cocina o sirviendo viandas. Nunca salían en las fotos, siempre escabullidas por la puerta de servicio. Nunca denunciaban los abusos, cuando jóvenes, sus patrones apagaban sus primeras calenturas en la noche al final de sus piernas.

th (2)Crecí con consciencia de clase, gracias a mi padre. Nunca pude llamar a ninguna: “chola”. Y hoy, me enorgullece constatar que son menos los que las marginan. Eso habla de una autoestima colectiva más alta. No hay que denigrar al que está por debajo de uno en la escala social, para sentirse más alto, más importante. Una relación laboral implica subordinación, no servilismo ni esclavitud. Porque es eso, una relación laboral, y no parte de una encomienda virreinal recibida por Merced Real, allá por el siglo XVII. Hoy, por lo menos, y gracias a la influencia angloamericana, la llaman cariñosamente nannySo cute!

th (1)Si algún mérito tuvo el gobierno de Alejandro Toledo, fue la promulgación de la Ley de los Trabajadores del Hogar, Ley N° 27986. Sí, la ley de las empleadas. En ella, se le exige al empleador que cumpla con pagarle una compensación por tiempo de servicios equivalente a 15 días de remuneración por cada año de servicios (Art. 9). Asimismo, vacaciones remuneradas de quince días luego de un año continuo de servicios (Art. 12). Adicionalmente, una gratificación por Fiestas Patrias y otra por Navidad, equivalentes al 50% de la remuneración mensual (Art. 13). En cuanto a la remuneración, conviene indicar que esta no debe ser menor al sueldo mínimo vital (que para el 2013, es de S/. 750 soles). Finalmente, tienen también derecho a la seguridad social, pudiendo optarse por el Servicio Nacional de Pensiones o el Sistema Privado de Pensiones (Art. 18).

empleada-domestica-31En casa, Carmen, a quien prefiero llamar la administradora del hogar, o simplemente Carmen, goza de todo ello –a excepción que su sueldo mensual es mayor al mínimo legal-. Pero son aún muy pocas las trabajadoras del hogar que pueden decir lo mismo. La gran mayoría no pasa de S/. 450 soles mensuales, como único ingreso, es decir, sin todo lo demás, que por derecho les corresponde. ¡Es tanto lo que nos dan! Ahora que ha salido de vacaciones por quince días, y hemos tenido que lidiar Alena y yo con nuestros dos críos (aprovechamos sus vacaciones, y los dos pedimos quince días en la misma fecha porque sabíamos que uno solo no la iba hacer) valoramos muchísimo más el tenerla con nosotros. Es un miembro más de la familia, como son todas aquellas señoras o señoritas que asisten sus hogares, pero que con tanta mezquindad tratan algunos. Son seres humanos que no gozaron de las mismas oportunidades que nosotros, que hoy las empleamos. Y el que así sea, no le da derecho a nadie para explotarlas o negarles sus derechos inmejorablemente adquiridos. Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno y criticar al contrabandista, al evasor, al receptador… ¿y tú, pagas como corresponde a quien cuida de tus hijos, lava tu ropa y miserias, protege tu patrimonio, calla tus secretos y te hace la vida más llevadera? ¿lo haces?

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