jueves, 13 de junio de 2013

Guns N’ Roses, el epílogo de un tour de force

 

300px-Heinrich_fueger_1817_prometheus_brings_fire_to_mankindSi hay algo que grafica -mejor que nada- el mito de Prometeo, es el Internet, y para el caso, Youtube. Una generosidad sin límites de compartir, de dar porque sí, de colgar en la red aquello que tan difícil y costoso sería de conseguir, y que tanto bien nos hace. No sé si lo entiendan así los chicos de las últimas generaciones, como los Millennials, pero quienes hemos crecido entre la máquina de escribir y las primeras computadoras, es un milagro de la ciencia que no se sabe explicar. Hoy, desde cualquier parte del mundo, que tenga acceso al Internet, se puede ver una entrevista de Borges o Rulfo, o repasar, durante la tranquilidad de la noche, los mejores exponentes del rock de los 80 y 90. Edad de oro del Heavy Metal, que nos enamoró a todos, porque era como era.

NOVEMBER-RAIN-Lyrics-GUNS-N-ROSESDicho lo anterior, descorché un noble tinto y me puse a repasar en Youtube, por el precio de apenas algo, por no decir nada, los vídeos de los grupos americanos e ingleses -en su mayoría- que acompañaron mi crecimiento y la transición de la pubertad a la juventud (que te vas para no volver, diría Darío). Y aunque no lo admitiera en su tiempo, más por darle la contra a mi amigo Javier Colichón, Guns N’ Roses es sin duda el grupo que llevó a su cúspide este manierismo musical posmoderno. Volver a ver el vídeo de November Rain, habiendo vivido varios noviembres lluviosos en California, incluso a pesar de su insoportable vocalista, Axel Rose, es un lujo. Uno goza escuchando el virtuosismo de sus músicos; alabando la elegancia de sus tomas y la belleza de sus musas; rindiéndose a la exuberancia de la banda sonora. Y claro, a la poesía de su letra y  rima deliberada. Y lo notas al instante: fue algo que se hizo con pasión, para que durará por siempre.    

imageDebí verlo venir. Pasa siempre. Ese «eterno retorno» del que nos advirtieron tempranamente los estoicos. Y claro, luego Nietzsche y Vico. El Renacimiento, de los grandes genios, dio paso al Manierismo, y luego llegó el Barroco, para no volverse a alcanzar esas alturas hasta hoy. En este caso, de las sólidas bases de la música clásica se escabulló la sensualidad del rock, para hacerse arte erótico en el Heavy Metal. Quizá las mejores baladas de amor están en el Heavy de los 80 y 90. También las melodías más elaboradas. Sin embargo, lo de ahora –en su mayoría-, no lo alcanzo a comprender. Prendo el autorradio, con la esperanza de encontrar una canción actual que me atrape, y al instante, vuelvo a un CD de mi época o a una radio del recuerdo. Repaso en el cable los vídeos de moda, y me deprime el futuro que le espera a mis hijos. Culos, tetas, bikinis, para regresar a lo mismo, culos, tetas, bikinis. Las letras son una mierda, y la bulla, que quieren hacer pasar por música, es indigerible. Hecho para vender, me dicen. Es lo que le gusta a la gente, me afirman. No creo que la gente sea tan pelotuda. Es la urgencia de vender, de ganar dinero, de lucrar, de ceder. Por fortuna, contra ellos, están los prometeos modernos, que supieron salvar en formato Betamax y VHS la música de mi tiempo, y hoy, remasterizada, nos habla de un tiempo mejor, gracias a su desinteresado deseo de compartirlo con el mundo. Se llegó a la cima con ellos, y hubo que descender. Ya vendrán tiempos de ascenso. Mientras tanto, le doy replay al referido videíto. Basta un clic. 

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