lunes, 11 de febrero de 2013

Vida por vida

 

417757_kukuxumusuAllá por el siglo XIX, los científicos alemanes Remarck y Virchow afirmaron que «toda célula proviene de otra célula». Y se quedaron cortos, porque también es verdad que toda célula quiere ser otra célula, es decir, generar vida. Y esta pulsión natural ha sido la responsable de que las especies –incluida la nuestra- no se extingan, salvo que su medio se vuelva insuperablemente hostil. Y en el caso de los humanos, quiso la naturaleza aderezarlo con el primero de los placeres, para que recurramos a él una, muchas y todas las veces. Si bien es verdad que la vida retirada y la religión quisieron por un tiempo poner coto a su libre ejercicio, Giovanni Boccaccio en su aclamado Decameron nos recuerda en la historia de la inocente conversa Alibech y el santo padre Rústico que la naturaleza humana siempre termina imponiéndose.

gilles-lipovetskySiendo así, aún hoy, me cuesta mucho creerle a todos los solteros y casados que conozco, que no quieren, bajo ningún concepto, ser padres. Gilles Lipovetsky, en L'ère du vide ensaya la tesis del neoindividualismo de tipo narcisista, y de una hipermodernidad acompañada de un hiperindividualismo. O sea, yo primero, yo segundo y yo tercero. Una lógica –su lógica- que ve en los críos una carga innecesaria y un sobrecosto del que se puede y debe prescindir. Una hipoteca de por lo menos veinte años, que truncará tus sueños y la alegría de vivir. Una fuente inagotable de preocupaciones, sobresaltos, ingratitud y hasta dolor. Todo eso son los hijos, te advierten con horror. ¿Para qué vas a ser padre –te cuestionan-, si el mundo está más que sobrepoblado?

195847_10150207526446115_3734958_nPor fortuna, la vida termina ganando la guerra. Por eso, quiero dedicar este post a mi buena amiga, Yiselle Castro, una heroína de nuestro tiempo. El año pasado, tuvo que superar una dura batalla contra el cáncer de mama, que la acercó a Dios y a quien, en abril próximo, será su esposo. Una batalla que significó extirpar parte de su cuerpo, en dos operaciones quirúrgicas. Una batalla que le anticipó la imposibilidad de ser madre, a sus 37 años, cuando más ganas tenía de serlo. Y frente a este escenario, ante el que cualquiera se habría resignado, ha postergado el tratamiento de radio y quimioterapia, ha elegido un régimen alimentario espartano que riñe con los buenos sabores y ha preferido darle lucha al destino, incluso, poniendo en riesgo su propia vida, con tal de dar vida. No sé si lo sabe, pero es su fuerza de voluntad –inquebrantable- sumada a ese llamado anterior a lo humano, atávico, que le exige dar vida a través de un rito de amor. De ahí que el sexo se haya sacralizado en tantas culturas, porque de su ejercicio, surge la vida. El sexo es el verbo, y el verbo es Dios. Ergo, el sexo es Dios. Pienso que un bebé no podría nacer de mejor mujer, ni libar la más nutricia de las leche que de sus generosos pechos. Conocer su historia, aunque me conmueve y no pocas veces me entristece, también me llena de alegría y de esperanza, porque con mujeres como ella, la supervivencia de nuestra especie está asegurada. Toda la suerte del mundo, querida Yiselle. Si existe un Dios, te ha elegido para mostrarnos en ti, a nosotros, pecadores, lo más divino del cielo, en esta tierra.  

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