lunes, 28 de enero de 2013

En el mar, la vida es más hermosa

 

539774_4257357516964_938238039_nHay relaciones de pareja, pocas, raras, excepcionales, que pareciera que se burlaran del destino, que nacieron para encontrarse, para ser dos y no uno más uno. Mujer y hombre dispuestos a envejecer y acompañarse hasta el último aliento, y sin embargo, gozar de tal vitalidad, que dudo mucho que la muerte los pueda separar, sino más bien, volver a unir. Parejas que superan sus circunstancias, y si cabe, a ellos mismos. Parejas que solo saben hacer el bien y que en cada revés, traición o decepción, encuentran una razón más para seguir creyendo en el prójimo. Parejas con fe en un Dios, pero cuyos valores éticos bien podrían hacerlos prescindir de él, porque no mudarían su conducta en lo más mínimo. Parejas como mi prima Joyce y el coronel Agustine Gómez, que le ponen la valla tan alta a cualquiera que pretenda medirse con ellos.

734762_10200445765891483_980360288_nEl sábado 26 de enero, Alena, Sophia, André y yo les fuimos a visitar a su rincón escondido, un maravilloso departamento en el Balneario de San Bartolo, a escasos metros de la orilla, donde llegan con bullicioso movimiento guijarros y olas de un océano esta vez sí pacífico. Nos volvíamos a ver luego de casi siete años, y quisimos que el mismísimo mar fuera nuestro testigo. Previamente habíamos acordado almorzar en un restaurante de la zona, pero el día anterior, ambos se habían preocupado de comprar las mejores presas de pollo, los vegetales más frescos, los condimentos más adecuados para cocinarnos el mejor –y no exagero- arroz con pollo que he probado en años. Es verdad, no podemos olvidar su ingrediente secreto: el amor. Todo brilló con ese barniz que hace parecer a las cosas perfectas. Qué gusto verles contar las bendiciones que han ido alcanzando luego de fundar, en memoria de su padre, mi tío Raúl León, The Leon Foundation (http://www.leonfoundation.org/) y con la contribución de no pocos, llevar tecnología y la esperanza de un mejor porvenir a cientos y quizá miles de niños pobres de ese Perú que en nada se parece al de los halagüeños índices macroeconómicos. Cómo engrandece la humildad. Lo último que esperas de personas que lo tienen casi todo y lo han vivido casi todo, es que te endulcen el café y no pasen nada por alto, con tal que te sientas arropado en su calor. André, mi hijo de nueve años, hizo algo que no lo he visto hacer nunca con nadie: de repente, abrazó muy fuerte a Agustine, y en su idioma, idioma de niño, le agradeció por estar ahí para él, jugar con él, nadar con él, reír con él, existir para él. Fue hermoso verlos así.  

417105_10150657580031897_2078115925_nCuando escucho decir de alguien que, de no existir, habría que inventarla, mi imaginación bien pronto me invita a tomar un café con Joyce. Ese sábado, antes de dar las dieciocho horas, sentamos en su terraza, compartiendo un café y un ligero cigarrillo blanco, Marlboro, vimos caerse el sol, y en su lento recorrido al otro lado del hemisferio, vestir hasta cuatro colores. Recién ahora, escribiendo, caigo en la cuenta que era la primera vez en mi vida, que frente al mar, me fumaba un cigarrillo mientras terminaba mi café. Son muchas las experiencias -gracias a ella- que han enriquecido mi vida y me han dado el ejemplo de vida que hoy me facilita el camino y ojalá, me haga tomar mejores decisiones. La vida no es fácil, de hecho, la suya no lo fue. Pero cuando se tiene la meta clara, cuando se obra de corazón, cuando corremos la milla extra, cuando hacemos el bien sin mirar a quien, un buen día llega el amor de tu vida, y como ellos, afirmas que 2 no es igual que 1 + 1. Gracias a ambos, es un raro privilegio tenerles.       

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