sábado, 1 de septiembre de 2012

Impresiones de Rusia (Parte I)

 

IMG_2118“Moscú –la aldea más grande del mundo- no está hecha a la medida humana. Es agotadora, apabullante, sin árboles. Los edificios son las mismas casitas de los pueblos de Ucrania aumentadas a tamaños heroicos. Es como si a los mismos albañiles les hubieran dado más espacio, más dinero y más tiempo para desarrollar su inquietante sentido de la decoración. En pleno centro se encuentran patios de provincia con ropa colgada a secar en alambres y mujeres que dan de mamar a sus niños”. Así es como describe Gabriel García Márquez a Moscú, en su librito De Viaje por los Países Socialistas, publicado en 1978. Treinta y cuatro años después, algunas cosas han cambiado, y es como si habláramos de otra tierra y otra gente, aunque con el mismo nombre. Con el auge de China, India y Brasil, no sé si siga siendo la aldea más grande del mundo –por lo menos, es la capital europea más grande-, no obstante, hoy sí está llena de árboles, sobretodo abedules. Y a las mujeres, ya no se las ve lactando a sus críos. Casi no se ven niños en las calles, y compiten la una contra la otra, a ver quién es la más elegante, la más bella, la de andar más armonioso –vera incessu patuit dea, al decir de Virgilio-. Bromeando, le decía a mi cuñado Jorge García, mientras avanzábamos por la avenida Tverskaya con dirección a la Plaza Roja, que un reclutador de modelos tendría aquí el trabajo más sencillo, pues en un área de cien metros, tranquilamente encontraba unas diez. Ya me lo habían comentado viajeros de todo el mundo: “en las calles del centro de Moscú, especialmente en el Bulvarnoe Ring, vas a ver a las mujeres más bellas del mundo”. Que no se me malinterprete, que mujeres lindas hay en todas partes. Lo que distingue a Moscú, es que el ochenta por ciento está muy por encima de la media, y es eso lo que llama la atención, que la calidad no riña con la cantidad. Además, un verano con treinta y seis grados, te obliga a vestirte con lo menos y a exhibirte de lo más.

IMG_2276Salta a la vista el gusto moscovita por la ostentación y el alarde. Es impresionante –al menos para un latinoamericano- ver tantos autos de lujo alemanes o ingleses por las calles. Las más de las personas se movilizan con el metro, de imperdibles y artísticas estaciones, pero los nuevos ricos, los tontos por ciento y los altos funcionarios de Estado privilegian los Porche, Mercedes, BMW, Bentley, etcétera. Tampoco deja de sorprender que frente a la alcaldía de Moscú, el parqueo esté atiborrado de novísimos Škoda Superb color negro. ¿Y los Lada, de fabricación rusa? Con suerte, uno que dos. Recién en Krasnodar y sus alrededores vi un número más masivo de ellos, porque en San Petersburgo se repite la misma historia.

IMG_3906El trato al extranjero es mucho mejor al que me habían comentado. –Es que te confunden con alguien de las ex repúblicas, me replicó una rusa. No lo creo así. Sentí una sana curiosidad por parte de ellos cada vez que me oían hablar en español, idioma que no llegaban a identificar. Y en cada café, minimarket, tienda o restaurante que visité, siempre fui regalado con más de una sonrisa. Ni los entendía ni me entendían, pero el lenguaje corporal y mis básicos conocimientos de programación neurolingüística suplieron las palabras. Me habría gustado tanto encontrar más gente que hable el inglés, pero aún son muy pocos, aunque los meseros jóvenes, solícitos y muy friendly, están haciendo la diferencia.

IMG_2024Las iglesias y los monasterios ortodoxos son una caricia a la vista. Desde la impresionante San Basilio hasta la bellísima El Salvador, pasando por las varias dentro del Kremlin. Ni el marxismo leninismo más extremo, ni su denuncia como opio de la sociedad ni su anunciada e iconoclasta muerte de Dios pudieron acabar con la religiosidad del pueblo ruso, tan creyente, por cierto. Es más, no se puede entender la sociedad rusa sin su religiosidad. Una visita por la Galería Tretyakov o la Armería del Kremlin dan fe de ello. El arte ruso llega a sus niveles más altos cuando quiere alcanzar las alturas celestiales. La alta cultura se ve por doquier. Pude presenciar ópera, musicales, conciertos de música clásica, exposiciones de pintura y demás de clase mundial, que no por ser muchos y simultáneos, dejaran de contar con la sala llena. ¡Qué envidia! 

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