lunes, 13 de diciembre de 2010

La hermandad del mate

 

En principio, es la sangre la que nos hermana, y nos crea un vínculo, que ojalá durara por siempre, pero que el tiempo, celoso, siempre termina por romper. También están los hermanos del alma, los elegidos, aquellos que escogimos para quererlos como a propios, porque así lo quiere el corazón. Y ante la falta de ese fluido bermejo que es la sangre, nos vamos inventando sucedáneos líquidos que nos confirmen que sí es verdad que somos hermanos, asi no lo hayan querido nuestros padres. De todos ellos, hay uno que me interesa en particular: el mate (en portugués mate o chimarrão, "cimarrón"; en guaraní Ka'ayka'a= hierba, y= agua—), infusión preparada con hojas de yerba mate (Ilex paraguayensis), planta originaria de las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, previamente secadas, cortadas y molidas.

 

Rodolfo RamóParticularmente, no fue sino hasta conocer a Rodolfo Ramó (en buen francés, el apellido se escribe Rameau, como el famoso lírico Jean-Philippe), uruguayo entrañable, que me animé a probarlo, y luego de acostumbrarme a su amargor, cebarlo una y tantas otras veces (no pude haber encontrado mejor maestro). Y me animé porque encontré en él al amigo que se parecía a mi padre –Rodolfo tiene ya 59 años-, y que no sólo compartía mis bromas e ideas respecto del mundo, sino, que me iba dejando en cada charla, un consejo, una semilla, una sugerencia, un “veneno”, que he ido recogiendo con mucha humildad y ojalá sabiduría, porque sé que viene de alguien que está acostumbrado a dar, y a querer a pecho abierto, porque sí. Y porque es abuelo y es padre y es hijo y es esposo y es amigo, y porque tempranamente perdió a su padre cuando éste cumplió los 39, y porque un malhadado día hipotecó su presente por un futuro prometido, y antes de los 45, entendió que se había equivocado, que estaba invirtiendo los mejores años de su vida, no con quienes más amaba y lo amaban, sino, con los clientes y los compañeros de laburo, a veces en China, otras en Brasil, o en Argentina o en Perú, así que, hubo que replantearlo todo. Porque la realidad es cambio, como quería el sabio Heráclito de Éfeso, y si no enmendamos el rumbo cuando  lo notamos, o nos lo hacen notar, nos perdemos y perdemos a quienes más queremos. También me enseñaste a hacer asado, y a curarme con la risa, y a revalorar el Uruguay, ya no por los pocos escritores que conocía (Rodó, Onetti, Galeano, Benedetti, etc.) sino por su gente y sus costumbres, y su europea culinaria.

 

148888_1684760242527_1343257456_31777371_3526822_nAlgo sé del mundo de las ventas, y para mí, es el mejor vendedor de buses del continente sudamericano, ¡un grande!  El que su oficina, de Gerente de Buses, haya estado pegada a la mía, ha sido una agradecida coincidencia que ha enriquecido mi vida, porque nos permitió –a veces- compartir almuerzos, volver juntos a casa, ahondar la amistad y tener siempre ese diálogo franco y horizontal, de tú a tú. No es el momento ni el espacio para tratar de entender por qué dejas este proyecto y empiezas otro en tu país. Y no podría discutirte, porque como pocos, le has descubierto a la vida esos mensajes que quedan escondidos al lado del camino, y sabes porque sí, y porque no. Entendiste pronto que todo tiene un precio, pero no igual valor. Te vamos a extrañar, pero a la vez, sabemos que siempre que pasemos por Montevideo, ahí estarás para nosotros. Y ya que estamos hermanos por el mate, créeme que luego de cebarlo, siempre correremos un espacio, porque ése, te tocará a vos. La mejor de las suertes en esta nueva aventura, pero ahora sí, en tierra charrúa. ¡Ta!

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