martes, 30 de noviembre de 2010

Días felices en Buenos Aires y Colonia de Sacramento (Uruguay)





Buenos_Aires_-_Monserrat_-_Avenida_9_de_JulioPensarás que ando por la vida cual imberbe adolescente que confunde sus sentimientos a pesar de que se va haciendo más viejo... sí, quizás sea el paso del tiempo, chi lo sa? -diría el tano-. Y es que he de confesarte algo, me he vuelto a enamorar, pero esta vez, de una ciudad, y claro, de su gente, de sus costumbres, de sus circunstancias: Buenos Aires. La semana que pasé allí fue enteramente feliz, llena de sorpresas imborrables, promesas cumplidas, sueños realizados, experiencias memorables, y paro de contar. Y con Vallejo, recitaría ufano: "en estas circunstancias, quiero laurearme pero me encebollo y, ni qué decirlo, quiero decir muchísimo y me atollo".


DÍA 1.- Ni bien llegados del Aeropuerto Internacional Ezeiza, nos hospedamos en un departamento amoblado, blanco como la cal, de sexto piso y terraza, ubicado sobre la calle 1800 de Arenales, a pocos pasos de la bulliciosa avenida Callao, en el barrio de la Recoleta. Ni bien pudimos, corrimos al Carrefour más cercano, para abastecernos de lo mínimo necesario, habida cuenta que el lunes 22 de noviembre sería feriado y no había certeza de que las tiendas estuvieran abiertas (por primera vez en la historia argentina). Por fortuna, nos equivocamos. Mientras elegía los quesos y embutidos, me preguntaba, ¿por qué no tenemos un Carrefour en Lima? En fin, nada en la vida es completo. Y ese mismo sábado, nos entregamos jubilosos a la noche porteña. Y como cantaran a dúo Joaquín Sabina y Rocío Dúrcal, "...nos dieron diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres, y desnudos al amanecer nos encontró la luna". Pienso hoy, que fue ahí que se hizo la magia, y la vigorosa desnudez de la verdad se arropó, presta, con un diáfano manto de fantasía. Algo pasó, sin duda, pero no lo sé explicar. El alma tiene un lenguaje que sólo se entiende a nivel espiritual, y que al hacerse palabra dicha, se mediatiza y pierde su esencia.


DIA 2.- El caluroso domingo 21, con nubes de algodón y vientos refrescantes, nos había reservado una fiesta gaucha, en una estancia del sur, a 90 minutos de la gran ciudad, al costado de una mansa laguna de cuyo nombre, ahora, no me puedo acordar. Fue una fiesta abundante en asado, empanadas, tintos, quesos, café, mate, dulce de leche, etc. Bailamos con el show de gauchos, compartimos mesa con franceses, nos refrescamos con más de una Quilmes tamaño familiar, y celebramos la vida como Dios manda. Luego de intercambiar aros por besos, atrapados al galope por duchos gauchos, debimos de partir cuando empezó a ocultarse el sol. No podíamos perdernos la Feria de San Telmo, y sus tantos y tantos anticuarios de antología. Caminata agradecida que nos devolvió el aire y el equilibrio mental, luego de tanto alcohol y jugosísimos asados de tira y bifes de chorizo. ¡Vaya que existe la belleza! Un crisol de razas occidentales con sus mejores exponentes, jovencísimos cuerpos en ropas cortas y años mejores. Pasaron como nada dos horas de continua caminata que nos llevaba de una tienda a un puesto ambulante, y de ahí a un templo franciscano y al interior de un mercado, para terminar en el centro de una plaza monumental, rodeada del lila del jacarandá. Por desgracia, el día empezaba a hacerse noche. Tomamos el primer taxi -un viejo de 78 años encantador- de vuelta a casa, y al pasar por la Catedral Metropolitana, decidimos hacer una parada. A las 7:30 pm empezaba un concierto de música clásica: Mozart. Un coro de 40 voces, un director de fama internacional y eximios músicos en ejecución, por el precio de nada, eran razones de peso para ocupar una banca de madera, al frente del altar mayor, cerrar los ojos, y elevarse a las alturas celestiales sin más humo que el de las velas chamuscadas de los retablos de los costados. A las 9:30 pm nos volvimos a juntar con los amigos, para cenar y compartir las experiencias del día. Llenos de comida y experiencias, volvíamos a ser felices.


IMG_2218DÍA 3.- Para el lunes, las sorpresas no fueron pocas. Un city tour guiado por los lugares más emblemáticos de la capital federal. Primero, la Plaza de Mayo, recorriendo la periferia de la Casa Rosada, ingresando a la Catedral Metropolitana y admirando el ambiente dedicado al Libertador José de San Martín, escuchando historias sobre el obelisco, el Banco Central, los no tan lejanos edificios de Puerto Madero, etc. Luego, la visita al Estadio del Club Deportivo Boca Juniors, fotos con la estatua de Maradona, los muchos trofeos internacionales, y demás. Paseo por las tribunas, y más y más fotos. Nos advirtieron que no cruzáramos al frente, por razones de seguridad, sin embargo, nada irregular les sucedió a los que hicieron caso omiso de la advertencia. Una vez todos en el mirabus (la mayoría del Brasil), partimos con rumbo a Caminito. Multicolor, abarrotado de turistas, cafés, restaurantes, tiendas, estatuas, balcones, músicos, empanadas, policías y la mejor de las buenas ondas. Aprovechamos para cambiar dólares: $ 3.90 pesos argentinos por cada dólar americano, era más que justo. Para los que vivimos en Lima, el cambio nos favorece y todo nos parece más barato. Siempre fue al revés, hasta el desmadre económico que empeoró con Carlos Menem y se volvió insostenible con Fernando de la Rúa. Luego vino un recorrido general por los grandes parques de la ciudad y sus muchos monumentos, museos, edificios públicos, deteniéndonos por ratos en San Telmo, Palermo, Puerto Madero, Recoleta, y así. Nos bajamos en Recoleta y fuimos a rendir honores a los restos momificados de Eva Duarte de Perón. La Santa Evita, como titula su novela Tomás Eloy Martínez (imperdible de leer). Es increíble que sea más visitada que el mausoleo de Domingo F. Sarmiento, ex presidente y autor de Facundo. Almorzamos al mejor estilo argentino, y fuimos a recorrer la Av. Corrientes, y sus muchos teatros y librerías. Alena, la gestora de este viaje, aprovechó para hacerme mi regalo de cumpleaños. Compró entradas vip para ver, el jueves 25 por la noche, en el Teatro Metropolitan 1, a Los Reyes de la Risa, con los consagrados Alfredo Alcón y Guillermo Francella. Y así, seguimos visitando librerías y comprando libros y más libros. ¡Baratísimos! Además de encontrar títulos muy escasos y sobrevalorados en el Perú. Empezó a llover, y raudos y felices, avanzamos cerca de un kilómetro para terminar en el subte, y luego de mucho preguntar, bajamos en la Estación Piedras, al ladito del centenario Café Tortoni, al que hicieran famoso luminarias como Alfonsina Storni, Carlos Gardel, Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, y más. Fue como retroceder en el tempo. La comida no estuvo mal, tampoco las bebidas, pero el servicio y una mosquita en la leche tibia, que acompañaba al chocolate caliente, nos devolvieron de golpe a la realidad. Igual, dejamos una buena propina, aunque no todos estuvimos de acuerdo. Fue en honor al lugar y al sueño realizado, no al servicio, gente. A pesar del cansancio, la noche porteña nos estaba esperando. Las rubias porteñas se hacen un poquillo de rogar. Las rubias y morenas brasileñas, siempre están listas para la acción, con la mejor de sus sonrisas. ¡Pero no tienen que falar tanto!


DIA 4.- Martes de naturaleza: El delta de río Tigre. Todo parece estar en fantástica la convivencia con el medio ambiente. Casas maravillosas en pequeñas islas, llenas de canales exclusivos para botes y lanchas. ¡Qué sana envidia! Es un paseo que se tiene que hacer. Toda una mañana de aire fresco y limpio, y embarcaciones, y garzas y casas a lo Tom Sawyer. Almuerzo en las Lomas de San Isidro. Barrio oligárquico de bellas y enormes residencias. Paso obligado por la Quinta Presidencial de Los Olivos, hoy habitada por Cristina Fernández viuda de Kirchner (que viaja en helicóptero hasta la Casa Rosada, donde labura). Lo que restó de la tarde, paseamos por las monumentales calles de Buenos Aires, elogiando el buen vestir y el culto al cuerpo de su gente, rindiéndonos a la belleza de su Congreso, admirando su arquitectura, coincidiendo plenamente con lo descrito por la consultada Wikipedia: “su perfil urbano es marcadamente ecléctico. Se mezclan, a causa de la inmigración, los estilos art decó, art nouveau, neogótico, y el francés borbónico. El rascacielos es otro elemento muy común del panorama urbano porteño. Fue elegida por la Unesco como Ciudad del Diseño, en 2005 y Capital Mundial del libro de 2011”. Parada y shopping obligatorio en las Galerías Pacífico. ¡Muy linda, me hizo recordar tanto San Francisco, CA! Nos gastamos la gratificación de diciembre antes de recibirla, pero vaya que valió la pena. De ahí, la peatonal Av. Florida, llena de galerías, comercio ambulatorio, policías, cambistas, mendigos, prostitutas, y demás personajes que hacen de una ciudad, una pequeña muestra de lo que es el mundo. Vimos el reloj y había que volar a ducharnos y cambiarnos con ropas más formales. Estar togados, como decía mi bisabuela, la Mama Julia. Nos esperaban a las 9:30 pm en el "Señor Tango". Dinner-Tango-Show por 400 pesos argentinos, persona. Nunca mejor invertidos. La cena fue estupenda, y el show musical inolvidable. Pasada la media noche, partimos felices al departamento, no sin antes dejarles una jugosa propina a los meseros, que nos trataron como reyes. No paraban de traernos vinos, cervezas, gaseosas y ofrecernos repetir el bije o los postres. Unos macanudos.


DÍA 5.- El miércoles partimos para Colonia de Sacramento, en Uruguay. Un tranquilo viaje de ida de tres horas en buque bus por el Río de la Plata. Nunca imaginé que fuera tan ancho y ajeno, usando el título de una novela de Ciro Alegría. El hablar es idéntico al argentino, salvo por contadas muletillas, como el “ta”, equivalente al “dale” porteño, al “Ok” gringo, o al “vale” español. Patrimonio Histórico de la Humanidad, con algo más de tres siglos de historia. Pueblecito muy bien conservado, empedrado y con una pausada vista al río que parece un mar. Por desgracia, nos tocó almorzar en “Lo de Renata”, el servicio fue terrible, y la comida nada especial. Los gnocchi que ordenaron algunos estuvieron incomibles. Lo mismo pasó con otro tipo de pasta. Yo fui por lo típico, un plato de parrilla de carnes combinadas. Argentinos, brasileños, ecuatorianos y peruanos coincidimos que peor, imposible. En fin, terminamos de llenar el buche con un rico chivito (sándwich de bife de lomo, tocino, jamón, tomate, lechuga y queso) y endulzamos el paladar donde Il Piú, heladería artesanal con rubilindas pero algo flojas despachadoras. Nos dio tiempo para recorrer sus calles a paso quedo, y comprar artesanía local. Los 4 gatos de madera sentados desordenadamente en una banquita, me recordarán siempre mi paso por el Uruguay, tierra de mi buen amigo Rodolfo Ramó. Llegamos a Bs As casi a las diez de la noche. Cenamos algo rápido (unos ravioles rellenos de ricota, con salchicha polaca y salsa Pomodoro preparados a cuatro manos con Alena, fue lo mejor hasta entonces). Unos helados Freddo fueron el postre ideal.


IMG_2321DIA 6.- Jueves 25, cumplía 36 años, y el amor me arropaba con dulzura. El rostro sonriente de Alena fue lo primero que vi al despertar,  luego vendrían los saludos a través de correos electrónicos y mensajes en el FB de la familia, de los amigos, de los colegas del trabajo, de los ex compañeros de estudio, y más. ¡Estaba feliz, en la ciudad que completaba un sueño! (desde joven, me propuse como adulto, pasar unos días en Manhattan y Buenos Aires, y al fin lo había logrado). A los pocos minutos, mi buen amigo Sid Ktf me llamaba para invitarme a almorzar en San Telmo, donde el Burmana (http://www.burmana.com/), lo mejor de la comida armenia y árabe de la ciudad. Los dueños, dos hermanos sirios, nos esperaban a la 1:30 pm en la mejor de sus mesas. Aprovechamos el tiempo para desayunar en Puerto Madero y luego visitar algunos museos de la llamada “Milla de Museos” y la Facultad de Derecho de la UBA. Llegada la hora del almuerzo, empezó el festín. Fue uno de los mejores almuerzos de mi vida. Sid intercambió opiniones en árabe y los platos empezaron a llegar y llegar, empezando por las picadas orientales  (hammus, magdus, imam baielde, djadjig de pepino, eutche-djadjig, etc) y continuando con los platos principales (pilav a la persa especial, pirun boerek, Shakshouka, karni yarik), marinados con un buen vino mendocino, finalizando con los postres (atayef-ashta, knaafeh bi-ashta, baclava, kadaif especial, shabiet, barrazi) y te verde con menta. Todos merecemos un amigo como Sid, un lujo. Nos despedimos al mejor estilo del Sahara, y partimos con dirección al Museo de Bellas Artes, a admirar el arte universal y lugareño. Hicimos siesta de una hora, y salimos para Corrientes, a comprar dulces Arcor para la familia. Se hizo hora, e ingresamos al Teatro Metropolitan, no sin antes brindar con un fernet con coca cola de cortesía. Para cagarse de risa, y por ratos, reflexionar. Unos virtuosos de la actuación Alcón y Francella. Un teatro abarrotado, aunque se notaba la ausencia de gente joven. A ambos los vi en la tele y en el cine. Verlos frente a frente, desde la sexta fila, fue un regalo impensado y muy agradecido. Broche de oro para una corta pero muy agradecida estadía. Me enamoré de vos, mi Buenos Aires querida. No era para menos.  


DÍA 7.- Desayuno en el Aeropuerto de Ezeiza, compra de último minuto en el Duty Free con los últimos pesos argentinos que nos quedaban, y vuelo de retorno a Lima vía Lan. La familia nos espera en Lima, y hay que prepararnos para el cumpleaños de mi hijo, André. Cumple 7 años, y es el mayor regalo que nos ha dado la vida… hasta ahora.


















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