lunes, 31 de mayo de 2010

Mon petit jardin

normal_30113885-_70_ El título, además de ser un óleo sobre lienzo del poco recordado pintor catalán, Laureano Barrau Buñol (Barcelona, 1864 – Ibiza, 1950), es también la forma más musical que he encontrado para referirme al pequeño jardín que hemos construido, mi familia y yo, en la terraza de casa. Y digo musical, porque si algo debe de ser un jardín, además de vital –y ojalá vitalicio-, es armónico y encantador, como la música. De acuerdo, hay jardines de todos los gustos y colores, pero los que me gustan a mí, han de tener, cuanto menos, estas tres características tan sine qua non. Al principio, el oficio jardineril es un tanto ingrato, y hasta desmoralizante y costoso, tanto en tiempo como en dinero, sepa usted. Larga y paciente es la espera, hasta que un buen día, los marchitos tallos, los tímidos botones en flor y las cabizbajas hojas empiezan a mirar al sol, y renueven ese garbo que nos  hizo elegirlas y comprarlas, allá, cuando en el vivero. Nosotros empezamos con unas cinco o seis macetas de arcilla. Hoy, es algo pesado contarlas todas. Es mejor ir regándolas, podándolas, abonándolas, desparasitándolas, contemplándolas y así.

plagas-jardin Antes de que se me acuse de aburguesado, injustamente, he de recordarles lo que he venido diciendo siempre de mí mismo: que soy un simple mortal, que trabaja ocho horas al día para una corporación y que vive en un barrio residencial de clase media, a unos 400 metros del mar, en un departamento con vista a la calle, de un último sexto piso. El espacio no sobra, tampoco el circulante, pero sí esa vocación renacentista de quererle encontrar belleza a casi todo. Y por otro lado, siempre es gratificante descubrir el nombre de una nueva planta, y verla crecer dentro de esos escasos metros cuadrados que se llaman, hogar. Pero es más gratificante aún si le puedes agregar una fuente de agua, adonde vengan a beber las aves y en cuya base-poza, jueguen una docena de pequeños y medianos peces carpa. Y por allí, ver deambular a una curiosa tortuga motelo, que rescatara de un traficante inescrupuloso del Mercado Central. Con pena, recuerdo que también intenté dar posada a un par de ranas, pero la brutalidad de Katrina, la doméstica, hizo que terminaran en el basurero. Recién me entere a los dos días, por André, a quien ella había chantajeado con unos chocolates para que no me contara nada.

normal_tulipanes%20en%20maceta%20bis No es necesario contar con un gran espacio, tampoco hacer una gran inversión, para llevar a nuestros sendos hogares un ser con vida. Pues sí, las plantas son seres vivos, aunque no seamos muy conscientes de ello. Y al igual que cualquier otro ser humano, crece y se embellece cuando recibe cuidados y amor. Pero que, se seca y muere pronto, si se la olvida en una esquina. También son una muy buena compañía, que el viento mueve, esparce y desordena. Son una invitación a ese viaje interior que tanto nos hace falta. Cultivar una planta, o un jardín, son un ejercicio de paciencia, tolerancia, respeto, afecto, incluso sacrificio, en su etimología más pura (hacer de algo, sagrado: sacrum factum). Los orientales lo tenía muy claro, por ello, en su lírica, abundan las referencias a los jardines. Y no recuerdo palacio, que haya prescindido de ellos. Y como nuestras casas son nuestros palacios, adonde vamos a descansar luego de un extenuante día de trabajo, no pueden ser la excepción de tan agradecida regla. Enhorabuena.      

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