viernes, 1 de mayo de 2009

Inmune a las Crisis

concierto1 No hace mucho, se me preguntó en público si es que había sentido, y de qué manera, los efectos de la crisis financiera internacional en el Perú. Si lo juzgara solamente por el hecho de que cada domingo que hago las compras semanales se ha incrementado el gasto en más de cien soles, sin duda, la respuesta sería que sí. Pero no es tan simple. A ver… el que seamos uno de los cinco países que más van a crecer a nivel mundial el 2009 indica que, con o sin crisis, algo raro está pasando por estos lares. Por otro lado, el que -desde el 2008- seamos visitados por las bandas y solitas más reconocidos del mundo (Oasis, Kiss, Iron Maiden, Peter Gabriel, REM, Pink Floyd, Soul Asylum, Collective Soul, Andrea Bocelli, etc.), como nunca jamás se soñó, y que los estadios donde se llevan a cabo estos eventos se llenen hasta donde no más, hablan de un país que está gozando de alguno de los privilegios de los países de renta alta. Así mismo, se sigue generando empleo en varios sectores de la economía, se está invirtiendo agresivamente en infraestructura, se siguen abriendo universidades, y demás. ¿No es que estamos en crisis?

crisis Objetivamente, nadie duda que la crisis global nos ha golpeado. De venir creciendo de manera sostenida a 9% anual, para este año reducir la proyección de ese ratio a 3.5% no es poca cosa. Que haya cada vez más mendicidad en las calles de Lima, tampoco. Que la mitad de la población viva en situación de pobreza, y que gran parte de ella, linde con la miseria, no nos auguran un Wonderland en mucho tiempo. No obstante todo ello, no la estamos pasando tan mal. Y no necesariamente porque seamos excepcionales, sino, porque la crisis ha venido siendo desde hace mucho, nuestro status quo. De hecho, cuentan los memoriosos que fue el ex Presidente de la República, el aristócrata Manuel Prado y Ugarteche, quien afirmó muy suelto de huesos que «en el Perú sólo hay dos tipos de problemas: los que no se resuelven nunca y los que se resuelven solos». Otra perla es la frase del gran historiador peruano y ex congresista, Pablo Macera Dall’Orso: «El Perú es un burdel». Digámoslo alto y claro, no había confianza en el país. Y no me dejarán mentir los de la clase media para arriba, que cuando en el exterior les preguntaban si eran peruanos, se hacían los ofendidos y se inventaban una nacionalidad distinta. «¿Peruano, sho?, no querido, te equivocás». Así era, que no se quieran acordar, es otra cosa.

thump_507_15 Haciendo uso de un término psicológico, tan en boga en la jerga de los Recursos Humanos, la resiliencia, creo que el vivir siempre en crisis nos ha dado a nivel colectivo una capacidad fantástica para sobreponernos ante cualquier situación adversa. Por tanto, creo que no hay crisis endógena o exógena que nos pueda frenar, salvo que sea pandémica o nuclear. La época del terrorismo no pasó hace mucho, es más, todavía no se ponen de acuerdo en cómo se hará su museo, pero hoy más parece un mal sueño que una guerra civil, con el perdón de los deudos. Tampoco hemos dejado de ser un país con altos niveles de corrupción, con un sistema de gobierno burocrático y antitécnico (por ejemplo, son reveladoras las memorias de un ex ministro, publicadas bajo el título de: “Permiso… Déjenme pasar”, don Fernando Rincón Bazo, maestro de la vida y amigo entrañable, a quien tanto le debo). Y para colmo de males, en el tema deportivo, vamos en el último lugar de la Clasificación para el Mundial de Fútbol en Sudáfrica. Pero hoy, como nunca, nos sentimos orgullosos de ser peruanos. Los sociólogos y antropólogos barajan diferentes causales. El surgimiento de una nueva clase media, más andina, más chola, es de las que más me convencen. Vivir seis años fuera, ayudan a notar la gran diferencia. Como fuere, ya sea por lo rica de la comida, o por el ingenio, o por Machu Picchu, o por lo que quieran, hemos vuelto la mirada hacia nosotros mismos, y hemos dejado de compararnos para luego sentir pena. Ya no nos sentimos menos que un turista, aunque todavía queramos aprovecharnos de los pobres. Algo cambió, pero para bien. Y hay que aplaudirlo de pie. Falta mucho camino por recorrer, sin duda, pero como nos lo recordara el poeta Antonio Machado, no hay camino, sino que se hace camino al andar. ¡Permiso… Déjenme pasar, que para allá vamos!

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