domingo, 8 de marzo de 2009

Twilight (Crepúsculo)

 

twilight_book_cover.jpgTenían que volver a aparecer, aunque esta vez, la trama esté dirigida principalmente al público adolescente. Es verdad, no tiene la profundidad de muchas de sus antecesoras, pero el mérito es grande: ha vuelto a la lectura a millones de adolescentes que no se cansan de afirmar que les aburre cañón la lectura y que son incapaces de terminar un texto, por más breve que éste sea. Incluso, un entrañable amigo mío, Carlo Zárate, una noche no muy lejana, nos relató que (perdóname la infidencia, un escribidor se nutre de todo lo que le cuentan), mientras le hablaba de muy buen ánimo a su enamorada, manejando su Toyota guinda de regreso a casa, ella estaba concentradísima en la lectura de Crepúsculo, en su versión en español publicada por Alfaguara, y que poco o ningún caso le hacía. Obviamente, ya habían visto la película, y por decir lo menos, les encantó. Y es que la imagen lo explica todo. La manzana es el símbolo de lo prohibido, en fiel consonancia con el Libro del Génesis, es decir, es la historia de una relación prohibida, antinatura, negada, entre una humana, Bella, y un vampiro, Edward. Pero cuando se es adolescente, se puede todo. Es tal y como lo afirma la inteligente Elena Poniatowska, en su celebrada novela La piel del cielo«ser joven es ser omnipotente, pertenecer al Olimpo, correr con la antorcha en la mano. Y ganar».

 

Lo admito, nunca había oído hablar de la escritora: la norteamericana madre de tres hijos y mormona confesa, Stephenie Meyer. Aunque sus detractores insistan en su sobrepeso, a mí me parece bastante linda para ser una cagatintas, casi-casi una Sandra Bullock, y no estoy exagerando. También ha sido lapidaria la crítica, por lo light de su obra. ¿Y qué importa? Hay que decirlo tantas veces como sea necesario, la literatura se ha hecho para divertir, no para cambiar el mundo, como todavía se pensaba en la época de Sartre. No lo niego, es meritorio dejar un mensaje, un par de líneas que justifiquen la lectura toda, a mí me encanta rescatar frases. Pero yo he sido formado en la lectura, y eso, hoy en día, es una rareza. No les impongamos a los jóvenes, a los que recién empiezan a amar la lectura, el purismo de algunos pocos… hacerlo es ponerlos contra la pared, y dejar que gane lo audiovisual… no lo permitamos.

 

No hay duda de ello, los vampiros son hermosos, y así lo afirmé en mi post del 22 de enero de 2008 (titulado como El discreto encanto del vampiro). Y Meyer, en sus novelas,  lo justifica muy bien, pues la belleza –no hermosura- es una más de sus armas para cazar y no fallar en el intento. Como predadores que son, de hecho, los más letales del reino, hacen uso de todas sus fortalezas para saciar su sed de sangre, que es su fuente de vida. No esperen sesudas elucubraciones sobre la inmortalidad, el amor, Dios o el maniqueísmo. No es el caso. Pero sí es una excelente excusa para ir a la librería más cercana y comprar el libro, o pedirlo prestado y ojalá devolverlo. Lean, por diversión, por aburrimiento o por lo que quieran, pero lean. El por qué, es lo de menos.   

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