sábado, 14 de febrero de 2009

El cambio por el cambio

 

51854894.PantaRei ¿Qué si es complicado cambiar? Quien lo niegue, o está mintiendo, o es medio gilipollas porque aún no se ha dado cuenta que cambió, o que está al medio del proceso de cambio. Cambiamos siempre, porque sí o porque no, pero cambiamos. De pensamiento, de postura, de circunstancia, de color, hasta de piel. El Oscuro de Éfeso, como fuera conocido el gran Heráclito, solía afirmar allá por el S. V A.C. que «todo fluye» (πάντα ρει), y hasta el día de hoy, no hay quien le rebata dicho hecho. Y así también lo manifiesta el afamado escritor napolitano Luciano de Crescenzo, en su libro de ensayos Panta Rei (Editorial Seix Barral, 1995). Ahí lo tenemos afirmando: «contemplo una foto de cuando tenía dieciséis años y otra de la actualidad. ¡Dios mío, cómo he cambiado! Después me pregunto: ¿y cuándo ha ocurrido? ¿Por la noche, mientras dormía? ¿Y cómo es que nunca me he dado cuenta a la mañana siguiente? La verdad es que cambiamos al ralentí, un instante tras otro, célula tras célula, como las manecillas del reloj, que se desplazan aunque nadie las vea moverse. Panta rei, decía Heráclito, todo fluye; y, junto con el todo, transcurre también la vida sin que podamos hacer nada para detenerla

 

Samcorp No hace mucho, me tocó tomar una importante decisión que involucraba mis intereses y los de mi familia: en otras palabras, cambiar, y mucho. Dejar la empresa Consultora Legal y Contable en la que venía trabajando de muy buen grado con algunos de mis mejores amigos y colegas: “Aquije, Rafael & Zárate - A Business Consultant Law Firm”, para formar parte de una gran corporación peruana, SAMCORP S.A., y en el caso específico, SINOMAQ S.A.  No les voy a mentir, tenía entre mis aspiraciones ingresar a una empresa mucho más grande, con mayor proyección de crecimiento, que tuviera una línea de carrera, planes de sucesión, en fin, un techo bastante alto que me permitiera crecer y aportar valor. Pero esperaba hacerlo una vez acabado el Máster, no antes. Sin embargo, la ocasión se dio, y no titubeé, simplemente acepté. Sabía que iban a cambiar muchas cosas, pues tendría que ajustarme a un horario restringido, a recibir órdenes, a viajar fuera de la ciudad por varios días, a ver menos a mi esposa e hijo, a renunciar a leer desordenadamente todo aquello que cayera en mis manos y mínimamente atrajera mi curiosidad, porque el tiempo me iba a quedar corto, y más. Con todo y eso, estoy bastante motivado, y no precisamente por la parte económica, que no es mala, sino por el gran cambio que acabo de asumir, ad voluntatem. Yo sé que no es cosa fácil conseguir un buen trabajo, pero no tienen que esperar a cambiar de trabajo para decidir cambiar, pues en todo ámbito de la vida humana, está presente el cambio, ya sea de motu propio, o por imposición. Y no me negarán que cuando pasa porque ustedes así lo quisieron, es millones de veces más gratificante. Pero como dijera mi profesor de Gestión de la Compensación, José Pividal, «que merezca la pena».  

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