domingo, 11 de enero de 2009

Si matara el qué dirán.. Lima fuera un cementerio

 

rfidwine01 Es sábado 9 de enero, al medio día, y nos encontramos refugiados del calor en la claroscura Cava de un supermercado del distrito de Magdalena del Mar, escogiendo qué llevar a la parrillada que nos invitara, una semana antes, mi buena amiga Carmen Heinman. Sabedores de su bien ganada fama de estupenda anfitriona, pensamos en comprar unas cuantas botellas de vino, para brindad ese mismo día, y para que algunas botellas, a su vez, le queden en la bodega. Tres botellas de Malbec argentino -de diferentes bodegas y años- y dos Cabernet Sauvignon, o Carboeut, uno español y el otro argentino, completan nuestra elección. Y para las chicas, un cóctel de mango, pensamos. Estábamos dentro de la hora, es decir, a tiempo, pero nos teníamos que apurar... es muy feo cuando te esperan a una hora, y no terminas de aparecer. Raudos y felices, Alena, André, Sid y yo, corrimos a la camioneta, una Toyota Land Cruiser Prado, tomamos la bajada a la Costa Verde de la Av. Sucre, y no paramos hasta la salida a la Vía Expresa, para terminar en la Av. Benavides... de ahí, su casa, en Santiago de Surco, está a escasos minutos.

 

5_divorcio-1 Antes de ingresar, le advertí  a mi esposa, Alena, que Carmen, a quien recién iba a conocer,  es madre divorciada -según nos habían informado a Sid y a mí-, y que por favor, no tocará el tema de las separaciones en las parejas ni nada por el estilo, para no incomodarla.  La idea era pasar un buen rato, que ellas se conocieran e hicieran buenas migas, y que nuestro menores hijos, André (5) y Marcelo (4), jugaran y ojalá, se hicieran amigos. De 1 de la tarde, a las 6, que planeábamos retirarnos, seguro que lo conseguiríamos. Grande fue nuestra sorpresa, cuando al llegar, y entrar a su linda casa, nos recibiera muy veraniego el "ex marido", Jorge Chávez, con una honesta sonrisa y la más cálida de las bienvenidas. Como era de esperar, cada quien sacó sus propias conclusiones, del por qué de su presencia. El preparar la parrilla, en todo caso, era un buena razón. Yo me sentí halagado, había escuchado muy buenos comentarios de él, de boca de Carmen, y asumí que lo había invitado para que nos conociera. Carmen es una amorosa, y no escatima en cumplidos a la gente que aprecia. De ahí para adelante, todo fluyó con el mejor de los ánimos.

 

2521390067_666f72464a Cuando eran casi las 6 de la tarde, luego que las carnes empezaban a procesarse en nuestros sendos y agradecidos estómagos -entre jugos gástricos y demás ácidos- y cuando ya se habían descorchado 5 botellas de vino -que secábamos sin mesura, el bueno de Jorge, el risueño de Sid y yo-, les confesé a los dos, a Carmen y Jorge, que me habían comentado tiempo atrás, en las aulas de la Escuela de Postgrado de la UPC, que ellos estaban separados o divorciados, pero que a juzgar por los hechos, de esta tarde, eran realmente una ejemplar familia nuclear, con una estupenda relación de pareja, que sin duda competía con los mejores matrimonios que había conocido en mi vida. Grande fue la sorpresa de ellos, tanto como la risotada que soltamos al unísono. Porque la verdad sea dicha, nunca se habían separado ni nada que se le pareciera, es más, si pudieran volver a casarse, lo harían sin dudarlo, admitieron los dos, mirándose a los ojos y confesándose, en su idioma, todo el amor que se tenían.Y no paramos de reírnos del erróneo comentario o rumor, hasta dar casi las 3 de mañana, entre más vinos que Jorgito (a ese nivel de confianza hemos llegado, con un solo día de conocernos, eso sí, calidad de tiempo, que es lo que cuenta) sacaba de su despensa, y un añejo Grand Old Parr 12 años, en las rocas. El primer botellero que pase por su puerta, la grata sorpresa que se va a llevar.

 

1205410928 ¡Por vida, cómo nos divertimos! Fue una de esas noches que no quieres que se acabe nunca. Una noche donde volví a confirmar lo fácil que caemos en un error, cuando oímos un rumor y no confirmamos la información. Cuando reportero, siempre me lo repetían mis colegas, allá en California: Vlad, check your source! Y ni así... caí enterito, con un gran pelotudo. Sin embargo, nunca estuve tan feliz de caer en un error. Apreciados Carmen y Jorge, muchas gracias por regalarnos esa tarde-noche-madrugada inolvidable. Va para candidata a los Top Five, en mi memoria poética. Y que nuestros hijos, construyan una amistad como la que hoy, me llena de orgullo decirlo, tenemos nosotros. ¡Gracias totales!  Y que se repita siempre.

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