jueves, 13 de noviembre de 2008

El XXXIII

senor_de_la_crucificcion_jue Estoy a pocos días de cumplir 34 años, y si bien he recibido cantidad de comentarios, el más gracioso me lo dio mi gran amigo Abelito Cárdenas, al comentarme que estaba a punto de salvarme, pues a los 33 años, Cristo se entregó a todos los hombres, y mientras no pasara esa edad, no estaba libre de hacerlo, como él. Absolutamente herético y homofóbico el comentario, lo sé, pero ingenioso y divertido también. Muchos dicen, sin pensarlo dos veces, que cuando tienen 33 años, tienen la edad de Cristo, cuando en realidad, ésta fue la edad en la que lo crucificaron (no olvidemos que los occidentales empezamos a contar los años, a partir de su nacimiento, y que el año de su muerte es a su vez, el año 33 A.D. -Anno Domini-, o CE -Common Era-, al estilo inglés), aunque esto no ha sido aún verificado históricamente, como nos lo recuerda Ad de Vries en su Dictionary of Symbols and Imagery, publicado en Amsterdam en 1976.

114px-XXXIII_Corps_SSI Esta curiosa cifra siempre ha estado cargada de un significativo simbolismo. Así, en términos religiosos, el número 33 simboliza la Verdad, y para otros, que el Bien siempre vencerá al Mal. Por su lado, los hebreos celebran el Lag Ba'omer -feriado judío- el 33avo. día del Sefirat Ha'omer (en hebreo: ספירת העומר ). Así mismo, los musulmanes creen que los moradores del Cielo existirán eternamente en la edad de 33 años. Por su lado, los masones -de acuerdo al rito escocés-, el máximo grado al que se puede aspirar es el 33, en razón a la edad del Cristo crucificado. Incluso, se ha venido representado desde época arcanas con dos triángulos (▲▲), por sus tres lados (a quienes todavía se preguntan por qué).

 

tiempo Al final, la edad, es una convención, un acuerdo cronológico, una referencia del paso del tempo, al que llegaron nuestros ancestros. Mi papá, que casi le doblaba la edad a mi madre cuando se casaron (39-21), solía decir que «un hombre tiene la edad de la mujer que acaricia». Y no le debe de faltar razón. De hecho, cuando empezaba a conquistar y enamorarme, siempre cuidé de que fueran mayores que yo. Y así fue, hasta que cumplí los 27 años. La verdad, más que amar, quería aprender, sentirme mayor; qué se yo, ser más recorrido, más interesante, más viejo. Pero, de ahí para adelante, me las busqué menores, y por suerte, no me fue mal. Claro, sin llegar al extremo execrable de la pederastia o la paidofilia, corruptora y deleznable. ¡Hay tantas beldades de 18 años hacia adelante!, que no es problema alguno evitarse roces con la Ley Penal. La imaginación, o «Loca de Casa», como la llamaba Santa Teresa de Jesús -dicen, por el 1540 A.D.- tolera de todo, pero es mejor que los monstruos de la razón queden ahí, como en el grabado de la serie Los Caprichos, del genial Francisco de Goya y Lucientes.

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