viernes, 31 de octubre de 2008

Balance a medio año

maestro_y_discipulo Ya les he contado que estoy siguiendo un Máster Executive en Dirección Estratégica del Factor Humano, en la Escuela de Negocios EOI-UPC. Suena pretencioso, ¿no? Cuando me entreguen mi diploma, entogado y risueño, seré todo un «maestro». Esta vez, como en otras ya, «me quedará grande la yegua», como dicen mis amigos mexicanos. Y no es falsa modestia, porque no cualquiera debiera llamarse, o ser llamado, maestro. Coincidirán conmigo, que es una de las tantas palabras prostituidas por el mal uso. Maestro, latu sensu, es una persona a la que se le reconoce una habilidad extraordinaria en una determinada escuela u otro lugar, enseñar y compartir sus conocimientos con otras personas, denominadas discípulos o aprendices. ¿Coincide este concepto, con el perfil de aquellos, a quienes tan alegremente, los llamamos así?

_20_70476879_58fb62ffd1 ¿A qué viene todo esto? -se preguntarán-. Al amargo sabor que queda, luego de escuchar, a algunos compañeros de clase, quejarse del poco provecho que le están sacando al Máster, y del tonto consuelo, de seguir más adelante un MBA, luego de convalidar los cursos ya seguidos y ahorrarse un año de estudios y pagos. Señores, si todavía no lo han descubierto, una maestría es para compartir experiencias laborales, para analizar nuevos conocimientos, para discutir diferentes puntos de vista, para comprender diferentes realidades, para definir una postura, y paro de contar. La inversión económica no es poca, pues varios miles de dólares se han destinado para seguir los cursos, dinero tan difíciles de ahorrar, por cierto. Entonces: ¿Vale la pena pagar, para escuchar, asentir, copiar y memorizar? Por si no se han dado cuenta aún, ¡están pagando para que los escuchen! ¡Están pagando para enriquecerse académicamente! ¡Coño, están pagando para aprender!

investigacion Es verdad que en el Perú, el dinero que se destina para la investigación apenas existe, pero también es cierto que estamos viviendo en la Era del Conocimiento, y la verdad sea dicha, ya no es tan complicado acceder a determinada información, desde casi cualquier punto del planeta. Pero hay que querer, hay que tener esa voluntad, ese hambre. Les digo, se podrá contar con toda la tecnología del mundo, pero si uno no quiere investigar, o al menos, analizar las cosas, de nada sirve. Y esta reflexión no sólo compete a mi clase, porque lamentablemente, no sólo se cuecen habas aquí, en la UPC. Varios son los países que he recorrido, y el mismo desgano, desidia, o alpinchismo, he encontrado. Y lo que es peor, abunda la consabida «maleta». Es decir, si alguien opina repetidas veces, empieza a ser mal visto, criticado malamente, censurado. Mi padre me decía que «los enanos se divierten buscándole defectos a los gigantes». ¡Cuánta razón tenía! No sé si todo es parte de la tortura; no sé si es envidia, o celos, no lo sé... Quizá esta sea la única y última oportunidad de algunos para mejorar su destino, cambiar de trabajo, agrandar su círculo de amigos -sin albur-, ser mejores personas, mejores profesionales. No la desperdicien, por el amor de Dios. Estamos a la mitad del Máster... aún nos queda tiempo para hacer el gran cambio en nuestras vidas.

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