lunes, 1 de septiembre de 2008

Gatuna compañía

Steinlein-chatnoir Se cree que los gatos (felis silvestris catus) nos vienen haciendo compañía desde hace casi 10,000 años (Un artículo de la National Geografic así lo registró: The carefully interred remains of a human and a cat were found buried with seashells, polished stones, and other decorative artifacts in a 9,500-year-old grave site on the Mediterranean island of Cyprus. This new find, from the Neolithic village of Shillourokambos, predates early Egyptian art depicting cats by 4,000 years or more). No me sorprende, y es que su especial manera de hacerse querer por el hombre no tiene parangón en el reino animal, salvo por el perro; aunque las opiniones son encontradas.

324px-Egypte_louvre_058 Siguiendo con la Historia, sabemos que los gatos fueron frecuentemente representados en la mitología egipcia en la forma de los dioses felinos Bastet, Sekhment y otras deidades. De hecho, el arte gatuno y su momificación data de por lo menos 4,000 años atrás. Tal era su importancia colectiva, que matar a un gato era castigado con la pena capital, es decir, la muerte. Probablemente, por la utilidad que tenían, al mantener alejadas a las ratas y ratones de los graneros, además de prevenir las enfermedades relacionadas a estos roedores.

519px-Perlita_3 Mi historia con ellos data de mi infancia. Mi madre siempre fue amante de los gatos. Y fue, a inicios de la década del ochenta, que recibió de su buena amiga Blanca (RIP), un gatito siamés de dos meses de edad. Lo bautizamos como Yuri, y muy pronto se volvió miembro de la familia, compitiendo con nuestro perro Sanyo, por la atención de todos. Muy pronto se supo vencedor, sólo a él le estaba permitido subirse a las camas y dormir toda la noche en ellas. Siempre nos sorprendía con una paloma cuculí en las fauces, que cazaba ya sea en el jardín o en la azotea. Por aquel entonces no existía la comida balanceada, y bien pronto se acostumbró a los panes con mantequilla, jamón o queso, a los asados, el hígado frito, las sopas de pollo, etc. Fueron varios los años que nos acompañó. Y muchas las cicatrices que mostraba orgulloso. Cuando alguna hembra gritaba de pasión, salía de casa y regresaba de madrugada, magullado y adolorido, pero satisfecho de haber repartido su semilla en las entrañas de alguna que otra fémina apasionada.

IMG_9697 Muchos serían, desde entonces, los gatos que acompañarían mi vida. Hoy último hemos acogido en casa a una hembra de raza Persa Himalaya, de nombre Naira (la escogida, en quechua). Su peculiaridad reside en contar con las características tanto de un Persa como de un Siamés. Es una feliz mezcla llevada a cabo en 1935, en la Escuela de Medicina de Harvard. Es absolutamente cariñosa, y siempre está detrás de uno, en busca de compañía, aunque no se hace muchos problemas si tenemos que dejarla en casa por algunas horas. El peinado se debe de hacer dejando un día, a fin de evitar las bolas de pelo, y por lo menos nosotros, la hacemos bañar una vez al mes donde Mauro, nuestro veterinario y estimado amigo. Preferimos comprarle la mejor comida, pues los gatos de esta raza son propensos a desarrollar cálculos. Además, el día que pueda ser madre, tendrá la suficiente fortaleza para lograr un feliz alumbramiento. No sé que piensen ustedes, pero si viven en departamento, y buscan una mascota, tener un gato es una estupenda elección. Y los solteros (as), olvídense de ese ridículo mito urbano que dice que sólo son para gays o tías solteronas. Ya sea como dependiente en casa de mis padres, como soltero independiente y más tarde casado y padre de familia, siempre he agradecido los maravillosos momentos que he pasado con mis gatos. Y no he sido ni lo uno ni lo otro. Ya saben, anímense a adoptar alguno, se lo van agradecer.

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