miércoles, 14 de mayo de 2008

Retornando al Desierto

Desierto1 En la historia del hombre, siempre que éste ha querido empezar de nuevo, o renovarse, o si quieren reinventarse, en una suerte de break point, o punto de inflexión vivencial, ha partido al desierto en la búsqueda de ese algo, ese Je ne sais quoi, que le dará nuevo sentido a su vida. A confundirse en su silencio, en su aparente infinitud, en su consabida aridez. La mejor de historia de ascetas itinerantes, para mi gusto, es la del iluminado Siddhārtha Gautama (en sánscrito सिद्धार्थ गौतम). Por otro lado, el mismo Jesucristo partió para el desierto en busca de una respuesta. Y así, otros iluminados, o sedientos de verdad, o quizá de sabiduría. Salvando distancias, el cantante Miguel Bosé, luego de su experiencia en el Sahara, manifestó que dicho desierto era el único lugar en el mundo donde era posible escuchar el silencio. Bueno, no todos los desiertos son iguales, pero muchas cosas en común, tienen también. Y el silencio, es una de sus peculiaridades.

IMG_9623 Siempre he creído, y he dicho, que la vida no tendrá consideración de nosotros, sino empezamos a vivir las muchas vidas, dentro de nuestra propia vida, que se pueden vivir. Es decir, tener el valor de vivir las tantas emociones que nos ofrece el destino, si y sólo si, damos el primer paso. Aunque precoz en el tema, fui por unos años un mochilero confeso. Con casi nada en los bolsillos, y pocas cosas en la mochila, iba adonde me llevara el viento, y fue feliz, muy feliz. Después, la vida adulta, responsable, me hizo cambiar el ritmo de vida. Pero luego de casado, las cosas cambiaron felizmente para bien. No del todo, por mérito propio.

IMG_9589 Tengo que admitir que sino tuviera el aliento constante de Alena, muchas cosas inolvidables habría dejado pasar. Entre ellas, por ejemplo, el meternos a un yate e ir en búsqueda de ballenas, en las frías aguas del Pacífico Norte. Y al rato, encontrarlas, para sentirnos tan chiquitos, tan insignificantes ante tremendos lebiathanes bíblicos. O este fin de semana pasado, que por iniciativa de ella, pasamos un tiempo en el Hotel Resort Las Dunas, en Ica, y nos animamos a cabalgar por el desierto, a horas de la tarde. Fue una experiencia inolvidable. El viento soplaba en contra, y la arena se confundía con el aire que respirábamos. Los caballos, de pronto, empezaban a correr, como entendiendo lo que les ordenaba el viento. Las dunas, testigos de nuestro cabalgar, brillaban como el oro de los incas, antes del ocaso de su dios, el Sol.

las-dunas1 No tendría por qué publicitar o marketear a nadie, primero, porque no he recibido pago alguno por ello, y segundo, porque no vendo la consciencia tan a la sudaca. No obstante, si empecé este blog, era para vertir mi opinión sobre determinados asuntos, opinables, en los que tuviera cierto interés. Y lo digo con mucho entusiasmo, queridos lectores. Si necesitan un momento de tranquilidad fuera de Lima, o simplemente quieren relajarse o pasar una mini luna de miel, vayan a Las Dunas. El trato de la gente es amable, la comida no está mal, el bar está bien surtido, los cuartos son comodísimos y la diversión está asegurada. O la tranquilidad, por supuesto. Para quienes se animen, «guardad celosamente la experiencia, y que la noche os sea propicia».

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