martes, 29 de abril de 2008

Pour le plaisir d'ecrire

images ¿Qué sería la vida sin ilusiones, sin sueños, sin proyectos, sin esperanzas? Estamos condenados, para bien, a inventarnos una vida mejor a la que tenemos, y creérnosla. Es imperativo mentirnos a nosotros mismos. Mentirnos que la vorágine de la vida no podrá contra nosotros. Que seremos los primeros héroes de leyenda que acabaremos con el dragón de la rutina, del día a día, del status quo. Más que nunca, lo necesitamos. No sorprende entonces, que cada 5 minutos, en algún lugar del mundo, se esté publicando un nuevo libro. La gente escribe, y publica, para que sea conocido su testimonio, su escape libresco a lo que le tocó vivir. Bien decía E. B. White que «el primer deber de un escritor es complacerse y satisfacerse a sí mismo; un escritor verdadero siempre quiere escribir para una audiencia de una sola persona». Si el escritor no se encanta a sí mismo, si no se llena a sí mismo, que no espere que los demás lo hagan con su obra. La oferta literaria es abrumadora, y los lectores saben cuando un libro vale la pena, y cuando no. Podrán alcanzar cuantiosas ventas, best seller los llaman, pero al año siguiente, pocos lo recordarán. Así de efímera y baladí es la vida de un libro light. De una sola lectura, no siempre completa.

Jor 1 En mi caso, asumí, por el placer de escribir, como se titula este post, el proyecto de escribir una novela, que finalmente llegó a su fin. Vade retro, Satana! O los Vaivenes de un Amor de Juventud. Un par de años me ha tomado su elaboración. Y está siendo revisada por algunas editoriales, para su futura publicación. Cuesta cerrar el documento, y parar de corregir. El trabajo del escritor no está solo en el armado del proyecto, en los diálogos de los personajes, en la estructuración de la historia. Lo difícil viene después, el trabajo de orfebre, de quitar palabras, de corregirlas, de dejar lo justo. Como decía Gustave Flaubert, encontrar «Le seul mot juste». Espero que la editorial no me haga mucho problema para poder incluir en la carátula, la mirada expresiva de la heroína de la novela, Jorgelina Plasencia Visconti, que comparto, como primicia, con ustedes.

writing450 Me ha tocado vivir cosas maravillosas, por las que tendré una gran deuda con la vida. No sabría como pagarlas. No hay forma. Una de ellas, fue escribir esta novela. Ya no importa si ve la luz o no. Todas esas horas que estuve conmigo, inventando, soñando con mis personajes, con sus aventuras, son hoy tan agradecidas, tan memorables. Llega el momento en que la novela cobra vida propia, y uno pasa a ser el instrumento, el escriba que se limita a registrar hechos. Vive para ellos, y no ellos, viven para uno. Prometo contarles con qué sello editorial saldrá al mercado, y cuándo. Si está en mis posibilidades, a algunos, haré llegar un ejemplar dedicado.

Hasta entonces.

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