martes, 22 de abril de 2008

Mi suegra y el Riga Black Balsam

suegra No es sólo una leyenda urbana, sino una realidad diaria para muchos maridos, el tener que soportar a la suegra, y también, en el peor de los casos, el tener que convivir con ellas. Se han llegado a decir contra ellas, las más terribles de las maldiciones y los más tremendos de los insultos, incluso se han cometido, los más sangrientos crímenes. ¡Es que hay cada suegrita! Por mi parte, tengo que admitir que me saqué la lotería. Vera, la madre de mi esposa, abuela de mi hijo, y por ende, mi suegra, es una mujer que desde la lejana Moscú, siempre tiene tiempo para llamarnos y desearnos las mejores cosas, enviarnos invaluables regalos y recibir anualmente a su hija, Alena, cuando tiene que viajar a Rusia, su país natal, por motivos laborales y por qué no decirlo, para practicar su deporte favorito, el ir de shopping. Pero no es a ella, esta vez, a quien dedico esta entrada, sino al regalo que me hiciera no hace mucho, y que recién el fin de semana pasado me animé a disfrutar.

image Es usual regalar a un hombre una botella de licor. Felizmente, las he recibido de casi todos los tipos, desde artesanales botellas de Siete Raíces, Rompe Calzón, pulque, mezcal o cañazo, hasta costosas marcas de cognac, scotch whisky, tequila, ron, pisco, cachaza, vodka y paro de contar. Pero lo que no imaginé que existía, por pura ignorancia, era el Bálsamo Negro de Riga, o como mejor se le conoce, el Riga Black Balsam, o también como Rïgas Melnais Balzams, producido en Latvia desde 1752. Creo que Vera, mis suegra, no me pudo dar mejor regalo. Siempre es estimulante probar algo por primera vez, más aún, algo que no abunda y casi nadie conoce, por estas latitudes. Y me sorprende, pues tiene un contenido alcohólico de 45%, alto grado tan apreciado por aquí.

La descripción que aparece en la caja de este raro elixir es bastante exacta, para ser justos. Se las traduzco del inglés, para que se hagan una mejor idea: «Aristocrático, misterioso y por siempre joven... Un elixir hecho de raíces, flores y capullos por el farmacéutico Abraham Kunze en la mitad del siglo XVIII. De acuerdo a una leyenda contada de generación en generación, el bálsamo se acredita con la cura de la emperatriz Katerina la Grande, de Rusia, quien cayó enferma durante su visita a Riga.

El tiempo cuenta sus siglos, pero el Bálsamo Negro de Riga sigue encantando a sus admiradores. Veinte y cuatro ingredientes naturales crean un sabor único -una sinfonía que combina la suavidad de las flores de tilo con la ligera amargura de las yemas de abedul, la dulzura de la frambuesa y el arándano- saborizado con tonos de jengibre y nuez moscada. El secreto de esta singular mezcla se mantiene sólo por unas pocas personas hoy en día».

t_7bdd07a08d1781892012a1772d6b7376 Como es de suponer, su producción ahora es más numerosa, y se puede conseguir en toda buena licorería del primer mundo, o de los países eslavos. El precio sugerido por una botella de 0,75 L -claro, allá y no aquí-, es de US$ 50.00. Sin embargo, uno siempre se puede cruzar con un especulador. Es también ley de mercado, que mientras más escaso el bien, más costoso. Para todo aquél aficionado a los licores exóticos, ésta es una excelente opción, que se puede tomar puro (straight up), con un par de cubos de hielo (on the rocks), en cocktail, o también con una taza de té. La imaginación no tiene límites. Precisamente yo, lo estoy haciendo ahora con una taza de café, y la verdad, no paro de celebrarlo. Bolshoi spasiva, Vera. You´re the best! (y no lo digo sólo por los regalos).

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