lunes, 10 de marzo de 2008

Un Batman hecho en casa

IMG_8729 El origen de Batman se remonta a mayo de 1939, cuando apareciera por vez primera en el número 27 del comic book Detective Comics, en la historia El extraño caso del sindicato químico, publicado por la editorial National Publications. Aunque no se termina de confirmar, se dice que surgió de las mentes del artista Bob Kane y el escritor Bill Finger. La historia oficial sólo le da la paternidad del hombre murciélago a Bob Kane. Luego de Kane, varios han sido los artistas que han ido modificando su apariencia (Neal Adams, David Mazzucchelli). Si bien, la calidad de súper héroe le otorga poderes sobrenaturales, Batman, o Bruce Wayne, el multimillonario detrás del disfraz, es el más humano de todos los de su clase. Y es ésa, quizás, la razón por la que tenga mayor identificación con sus miles de miles seguidores.

Las causas que lo llevan a ser un justiciero, en otras palabras, un vengador, son también muy humanas: el cobarde asesinato de sus padres, Thomas y Martha Wayne. Luego de varios años de aprendizaje y formación, a los 27 años de edad vuelve a Gotham City, a equilibrar la balanza entre el bien y el mal. No por nada, Superman luego afirmaría, que «Batman es el hombre más peligroso de la tierra». Entonces, no faltan los motivos para que, como muchos, elijamos a Batman como nuestro héroe de ficción favorito.

Yo de chico, siempre quise disfrazarme de Batman, leer sobre Batman, no perderme un episodio de su serie televisiva, tener un juguete de Batman, en fin, ser como Batman. Algunas de esas cosas, no se pudieron cumplir. Si bien, nacido en el seno de una familia de clase media bastante holgada, el hecho que mis padres tuvieran una prole de 6 hijos, nos hizo entender pronto a los hijos que no todo lo que deseáramos, lo podíamos tener. En ese momento no se entiende, sólo se maldice la mala suerte y la estrechez de la propina. Pero cuando toca ser padre, todo se torna clarísimo. Lo peor que puede hacer un padre, es complacer siempre a los hijos.

Pero cuando André me pidió ser Batman, no le podía decir que no. Y es precisamente André, el enano que aparece en la foto, con su antifaz algo chueco. También me pidió que le comprara un DVD del mismo súper héroe. Sabedor que no iba a poder entender la trama (a los 4 años muy poco se entiende), al menos veríamos juntos la película, comiendo tortis picantes, que tanto nos gusta compartir. Tengo que admitir que ese nivel de relación no llegó a haber nunca con mi padre, don Luis Fidel Zárate Arce (RIP). Él la tenía clarísima, un hijo no puede ser amigo de su padre, por más que lo intente. La razón es la misma que tenía el emperador chino, para no tener amigos. Sólo se puede ser amigo de los iguales. En el caso del emperador chino, como hijo de un Dios, no tenía iguales en la tierra, por tanto, no podía tener amigos. Y en el caso del padre-hijo, el hijo siempre le debe respeto a su padre, vive de él, aprende de él, depende de él. No están en un mismo nivel. Además, amistad implica confidencialidad, cierta intimidad que únicamente encontramos en un amigo.

Entre amigos, nos podemos emborrachar, mandarnos a la mierda, y al día siguiente, estar como si nada hubiera pasado. No imagino una situación similar con mi padre. Aunque ya no está con nosotros, y hoy seríamos dos adultos independientes uno del otro, siempre habría de mi lado veneración, respeto, incluso sumisión, en el mejor sentido de la palabra. Los tiempos han cambiado, es verdad. Pero hay ciertos patrones que no deben de cambiar nunca. El sentido de autoridad debe de estar siempre presente. Si crecemos sin eso, poco quedará del concepto de sociedad, y todo lo que ella importa.

Como le gusta decir a un sociólogo amigo mío, «sería una anomia de mierda».

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