viernes, 7 de marzo de 2008

¿Se habla en América Latina un mismo idioma?

Yo pienso que no. Tampoco se equivocó, cuando fuera British Prime Minister, doña Margaret Hilda Thatcher, al afirmar que «Latinoamérica no existe. Sólo existen países latinoamericanos». Es cierto, desde el colorido México al larguísimo Chile -con la solas excepciones del gigante Brasil y del pequeño Belice- se habla el español como idioma oficial. Tenemos pues, en este lado del mundo, a países hispanohablantes como Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Argentina. Somos también, hijos de una misma raza autóctona, precolombina, que desarrolló pequeñas y grandes culturas -maravillosas todas- como la azteca, la maya, la moche, la chibcha, la tolteca, la aymara, la inca, la araucana, la mapuche, la zapoteca, etc. Ya antes de la Conquista, fuimos hermanos, aunque con muy poca comunicación. En la época de la Colonia (del S. XVI al S. XIX), fuimos siervos de una misma potencia europea: El Reino de España, que nos inyectó la cultura occidental de la que tan poco provecho, hemos sacado. También por entonces, la comunicación entre virreinatos fue mínima. Aunque en la época de la lucha por la Independencia continental, hubo cierto apoyo de los países vecinos, sobretodo de Argentina (José de San Martín), Chile (Bernardo O´Higgins) y Venezuela (Simón Bolívar); lamentablemente, y como siempre pasa en estas tierras, intereses subalternos y baladíes arruinaron el sueño de hacer una sola América. Don Simón Bolívar, verbigratia, hablaba de una Gran Colombia. Otros genios nuestros, como el venezolano Francisco de Miranda, o más modernos, como el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, también soñaban con una misma América.

El problema es grave. Mientras Europa -para variar- nos da el ejemplo de unión de mercados y algo más, con la evolución de su Comunidad Económica Europea, a una más funcional Unión Europea (que fue fruto de la Unión del Carbón y el Acero, entre los archirrivales Francia y Alemania), independientemente de los arraigados nacionalismos, la América Latina se balcaniza con amenazas de guerras absurdas. Chile no llega a cooperar abiertamente ni con Argentina ni con Perú, y viceversa, por las mismas razones que tiene Bolivia con Chile. Y Venezuela no para de provocar a Colombia, y Colombia a Ecuador, y Ecuador a Perú (la guerra del Cenepa es reciente, históricamente hablando). Como naciones soberanas, independientes, llevamos ya casi dos siglos en las mismas estúpidas disputas. Sobretodo, en épocas electorales, donde se exacerba el sentimiento nacionalista, se desempolvan viejos y ambiguos tratados internacionales, y se vuelve a hablar de invasiones comerciales, ilegales ocupación territoriales, incumplimiento de los compromisos internacionales, incursiones militares, bombardeos del suelo patrio, etcétera. Bien nos advertía Aristóteles en La Política, «quien no aprenda de la historia, está condenado a repetir sus tragedias». Nuestros políticos, desaprobarían cualquier examen de historia, incluso el más simple.

El actual pleito de Rafael Correa (presidente del Ecuador) -apoyado en Hugo Chávez (presidente de Venezuela) y Daniel Ortega (presidente de Nicaragua)- con Alvaro Uribe (presidente de Colombia) -apoyado en George W. Bush (presidente de los Estados Unidos)-, me hace recordar a tantos otros, inútiles, pero sí muy costosos a sus pobres economías. Por lo menos, el diferendo territorial entre los gobiernos de Michelle Bachelet (presidenta de Chile) y Alan García (presidente del Perú) se está llevando por la vía judicial, ante el Tribunal Internacional de la Haya, como hacen hoy en día, los países civilizados, que piensan en la visión que proyectan al exterior. No extraña entonces, que reuniones como la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) se haya realizado exitosamente en Chile, y ahora en el Perú. Que sea Chile el único país en la región calificada con el grado de inversión, y que Perú esté a punto de alcanzarlo, tampoco me sorprende. Que tengan un crecimiento sostenido hace buenos años atrás, menos. Y que empiecen a decrecer sus ratios de pobreza, mucho menos aún.

Las oportunidades para los países latinoamericanos de llegar a ser un día países de renta alta, no van a esperar a que primero solucionen sus riñas de niños de escuela primaria. A veces, pareciera que Brasil se salvó de todo este zafarrancho, por hablar portugués y no español. El que sea incluido en la tesis de Jim O´Neill, del BRIC (Grupo económico conformado por Brasil, Rusia, India y China), me lleva a creer así. Es un país maravilloso, en dónde, aún no me explico cómo, no se terminó casando mi hermano José María. Sus playas edénicas, y las curvas de sus garotinhas, son razones de sobra, para no querer dejarlo nunca. 

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