lunes, 4 de febrero de 2008

Las sombras de México, o la Doble Moral

harry_potter_gay

Se llama Sebastián, y ahí nomás lo dejo, porque podrían atentar contra su integridad personal. Universitario, 21 años, un metro ochenticinco, inteligente, atlético, bastante atractivo, o rechulo, como le dicen sus paisanos, en su natal Sonora. Vive solo con su madre, una risueña cubana, ya que el padre, de origen español, hace un par de años que se enamoró de una adolescente oaxaquita, y se fue a vivir con ella luego que la embarazara y ésta no aceptara abortar. Hasta ahí, nada particular.

El conflicto interno de Sebastián comenzó a partir de los diez años de edad, cuando se emocionara más al ver las piernas de sus amigos, jugando pelota, que las pompas de sus amigas, haciendo gimnasia. Ya era claro para él, que era una mujercita, atrapada en el cuerpo de un hombre. Ya lo notaban sus padres también, pero prefirieron ignorarlo. - Ya se le pasará, decía su padre, que en mi familia nunca ha habido un puto. Pero no pasó, y fue el padre quien terminó aceptando que nunca sería abuelo, al menos, no por él. Hoy medio mundo lo sabe, en su no tan pequeña ciudad. Puñal, le gritan de lejos, pinche puto, culoroto y así, desde las sombras. Su grupo de amigas lo adoran, pueden confiar en él, es una más del grupo. Lo pintan, arreglan, peinan, visten, engríen, miman y demás. Es su modelito, tan lindo él. Incluso, le llaman panocha, a su disminuido miembro "viril". Y claro, cuando anda de mal humor, bromea, muy suelta de huesos, que es porque le llegó la regla.

Hace buen rato que está curioso, quiere saber lo que se siente ser completamente gay, pero tiene miedito. Es consciente que le va a doler, aún si usa un buen gel, cuando por fin, le agranden el círculo de los amigos. Pero lo desea con pasión. Ella es toda una señorita decente, de hecho, es la última de su grupo en mantener intacta su virginidad, y ha prometido que sólo se entregará al caballero que llegue a conquistar su corazón. Ni siquiera un beso se ha dejado robar, mucho menos, su pureza corporal.

¡México no se raja! El mexicano es mero macho, chingón. Le gustan las pinches viejas, asi estén podongas las muy cabronas, pero viejas; sino, ni madre. Al menos, eso es lo que siempre les escuchamos decir. Sebastián no lo cree así. Ha sido acosado por un buen número de profesores universitarios, locos por pasar una noche con él. Más de uno de sus amigos del barrio, le ha ofrecido que si la mete, se la deja meter. Padres de familia, vecinos y no tan vecinos, le han prometido el cielo, si acepta una relación oculta con ellos. Incluso, cuando le ha tocado modelar para un evento, poderosos empresarios y políticos, de afamadas familias, han querido comerse su culito a cambio de jugosas cantidades de dinero. Está demás decir, que está gente -al menos públicamente- denigra al homosexual, condena al tercer sexo. Son sus más ácidos críticos, escudados en los mandatos de la Santa Biblia católica (México es el país más católico del mundo, por la cantidad de creyentes). Es que, ser homosexual, es dejarse coger, así de simple. Ellos se pueden permitir, ora por su posición, ora por su dinero, ora por su poder, cogerse un mariconcito muy de vez en cuando, como para no perder la costumbre. Ya sabes, carne blanca, aunque sea de hombre. Pero claro, eso no es ser homosexual, jamás. Homosexuales los otros, aquéllos, los sodomitas, los condenados. Ellos son gente de bien, que tiene derecho a pecar, para de esta manera, poder confesarse y comulgar ante el sacerdote, recibiendo orgullosos el cuerpo y la sangre de Cristo.

Lo que cada quien haga sobre su cama, debajo de ella, o al costado, es muy su problema. Con quien lo haga, también. Los términos homosexual, bisexual, heterosexual, son eso, una terminología que explica cierta conducta sexual, no delitos tipificados en el Código Penal. No sé si haya estado bien involucrar el nombre de Sebastián en esta entrada, pero no podía quedarme callado ante tanta hipocresía y doble moral.

Sigue firme con tus creencias y convicciones, Sebas, estoy seguro que te llegará ese ser especial por quien esperas. Te lo mereces, que la decencia no entiende de sexos.

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