lunes, 7 de enero de 2008

Soledad, es criatura primorosa que no sabe que es hermosa

Precisamente, es un fragmento de aquella inolvidable canción del cordobés Emilio José, Soledad, con la que ganara el Festival de Benidorm en 1973. Ahora, no se refería a la soledad en sí, sino al nombre de pila de una guapa españolita, pueblerina sin duda, llamada así. La pueden escuchar en YouTube, incluso cantada a duo con Paloma San Basilio; cualquiera de sus versiones, es harto agradecida.
Ahora, no sé si vivimos una época oscurantista para la soledad, tan vilipendiada últimamente. De hecho, leí no hace mucho a un sicólogo santiagino, Alfredo Ruiz, definir a la soledad como la ausencia, real o percibida, de relaciones sociales satisfactorias, que se presenta con síntomas de trastornos psicológicos y desadaptación, como ansiedad, depresión, insomnio, abuso de drogas y alcoholismo.
A primera vista, pareciera que es siempre así. Soledad es sinónimo de ausencia, de carencia, de aislamiento. Incluso, es casi siempre, de lo que más se queja la gente. De no encontrar a ese complemento, a esa media naranja, a ese ángel caído desprovisto de una de sus alas, que quiere volver a volar. Ya Platón en su Banquete nos hablaba de los seres andróginos, seres completos, hermafroditas, castigados por el dios Zeus con un rayo que los separó, luego de intentar invadir el Olimpo. Desde entonces, estamos en la búsqueda de aquél que nos justifique la existencia. Que nos haga una unidad. Joaquín Sabina con razón canta todavía que "dos no es igual que uno más uno". Hoy que casi todo se puede comprar con el circulante, con arrogancia extrema, se asume también que la compañía verdadera, incondicional, valiosa, puede adquirirse en una subasta por Ebay.com o en Amazon.com. La llamada satisfacción inmediata, confunde más al ya confundido. Tiene mucho que ver, además, el condicionamiento social, la pareja socialmente admitida. Si es mujer, y pasa de los treinta, de solterona y vestidora de santos, bautizarán. Si es hombre, es bien sabida la frase: "Soltero maduro, maricón seguro". Entonces, estamos socialmente exigidos a contar con una pareja. Y como no es tarea fácil encontrarla, genera stress, sino scuatro. Por otro lado, hay que admitir que la vida en una sociedad moderna hace más exigente la elección, amén a la información, amén a los medios de comunicación, el cine, que nos hacen soñar con princesas que no existen en la realidad. Recuerdo con gracia y algo de vergüenza, como una chica, luego de oír en el autoradio Have you ever really loved a woman?, de Bryan Adams, me decía que él realmente entendía a las mujeres, y que deseaba de todo corazón encontrar a esa persona, mirándome con ojos de querer ser besada y abrazada. La verdad, en ese momento yo solo pensaba en tirármela ni bien llegáramos al hostal. Ya sé, shame on me!
Como fuere, la soledad no debería ser vista únicamente como algo negativo. Mientras viví solo, y de verdad la pasaba solo, es decir, conmigo mismo, pude conocerme mejor que nunca, agradecer ese tiempo conmigo mismo, leer, escribir, ver buen cine, escuchar buena música, visitar galerías y museos, frecuentar buenos restaurantes, viajar sin destino, etcétera. Con mucha razón, el escritor madrileño Enrique Jardiel Poncela dijo alguna vez que: "El día que hayas cenado absolutamente solo, podrás decir: he cenado con un amigo". A su vez, allá por el Siglo de Oro Español, el gran Félix Lope de Vega y Carpio, en sus Soledades, escribió: "De mis soledades voy, a mis soledades vengo, pues para andar conmigo me bastan mis pensamientos". Y por más satanizada que haya sido, créanlo, hay la soledad buscada. El llamado aislamiento en el Desierto, tan buscado por los místicos, los monjes, los ascetas, incluso razas, como los beduinos. No se trata de despreciar al mundo y sus circunstancias, recordando a Ortega y Gasset, sino, adentrarse alguna vez en ese espacio maravillosamente creativo, que mucho de provecho sacaremos. No hay que temerle al Laberinto de la Soledad, que para salir fácilmente de él, podemos hacerlo por arriba, siguiendo el consejo del sabio Borges. Incluso, hasta nos crucemos con el Fauno de la buena suerte.
Finalmente, la ex Mecano, Ana Torroja, en A Contratiempo, nos canta con esa voz tan particular: "La soledad es una estación de madrugada...". Hagámosle caso, vayámonos a una estación de aquellas, pidamos un cortadito (nuestra versión del caffè latte), pongamos en el Ipod esa memorable canción de la Torroja, y a compartir un rato consigo mismos.
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